Amapola y su nieto

Por Pinocha Girasol Gepetto (Historiadora)

Desde que su nieto, Apa Mario Pinochín nació, Amapola ha tenido la satisfacción de verlo a menudo y ayudar a cuidarlo. Lo cuidó a tiempo completo en su casa en la finca Majubrí, cuando éste tenía tres (3) años de edad en el segundo semestre del año 2006. Su mamá estudiaba para obtener un Grado de Maestría en Arquitectura y su papá trabajaba en una compañía de Arquitectura, ambos permanecían durante la semana en el área metropolitana.

Amapola adaptó su cuido al estilo “Escuela del Hogar (“Home Schooling”) y en los veranos organizaba actividades con el nombre de “Campamento Abu-Ita”. Una de las actividades que llevó a cabo, ayudada por “Abu Juan”, fue una excursión a un mogote, parte del cual era de su propiedad, y quedaba detrás de la casa. En esa ocasión el objetivo era llegar hasta el árbol más alto de la finca: un Yagrumo con hojas verdes y plateadas las cuales, al caer a la tierra y secarse, mantenían su belleza.

Inspirada por las experiencias de las excursiónes al mogote, en el verano de 2011 Ita Amapola escribió un cuento titulado “Día de picnic en Campamento Abu-Ita” *

Actalmente, por razones de salud, Amapola está residiendo en USA en casa de su hijo menor Martín Pinocho Bailarín. Apa Mario, ahora con quince años (15 ) de edad, reside con sus padres en un apartamento en la misma urbanización en que viven sus tíos. Familiares de Amapola constituyen al presente parte de la llamada “diáspora puertorriqueña” , individuos y familias que han tenido que emigrar por razones de la crisis económica por la que atraviesa la Isla de Puerto Rico. Los padres de Apa Mario emigraron a USA en el 2014, años antes del azote del Huracán María en la Isla (2017).

Amapola Pinocha recuerda con nostalgia los días que pasó en la Finca Majubrí y las actividades con su nieto. Con una triste alegría, porque no sabe cuánto tiempo Pinocho Dios le permitirá permanecer en el Planeta Tierra, ella está planeando cómo compartir el mayor tiempo posible con su nieto. Ayer lo invitó a reunirse una hora con ella para dedicarla a planear las actividades del Verano que se acerca.

Amapola le preguntó a su nieto si él sabe que, al igual que ocurrió con su bisabuela Micaela, algún día, no se sabe cuán lejano, su abuela no estará en el Planeta Tierra. Él asintió con firmeza, formalidad y comprensión y, diciendo “Sí Ita, lo sé”, le dio un fuerte abrazo.

Amapola le mostro a Mario, en la pantalla de la computadora, su Blog Pinocha.net y empezó a explicarle los objetivos de este Proyecto. Le fue explicando el significado de un Blog y como acceder a sus secciones y publicaciones. A ella le gustaría que su nieto pueda invitar a otros familiares (especialmente a sus primos hermanos) a visitar Pinocha.net y contarles sus conversaciones con “Ita” en torno al mismo cuando “ella no esté”.

La mencionada reunión con su nieto produjo mucha satisfacción y gran alegría a Amapola. A él le gusta mucho hablar con su abuela y ambos tienen muchos intereses en común. Con mucha facilidad y rapidez acordaron los temas y proyectos para el Verano 2019 y quizás podrán producir materiales que se puedan publicar en este Blog.

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Nostalgia

Por Amapola Del Valle

Muchas personas recuerdan con nostalgia las vivencias de su infancia. Nostalgia es un sentimiento de pena o tristeza por la lejanía, la ausencia, la privación o la pérdida de alguien o algo queridos.

Nuestros recuerdos de la infancia están matizados por las sensaciones de las primeras etapas de nuestra vida. Generalmente se afirma que recordamos más lo placentero y tendemos a suprimir lo que nos desagradó o nos hizo sufrir y, con frecuencia, sublimamos algunas experiencias.

He conocido personas, sin embargo, que afirman no sentir nostalgia por su pasado y que no reconocen la importancia de rememorarlo. Otros afirman de manera exagerada o hiperbólica “todo pasado fue mejor”. He observado que muchos puertorriqueños que residen en Estados Unidos, cada vez que ven en Facebook una imagen de la vida campesina en Puerto Rico en el siglo pasado, comentan: “Aquellos eran tiempos mejores” o “¡Qué sencilla y feliz era la vida en el campo en aquellos tiempos!”.

Éstos ponen de manifiesto que su situación actual les produce tristeza e insatisfacción. Si investigamos e interrogamos a algunos de ellos, descubrimos que sus condiciones de vida material son mejores que las de antaño. Tienen mejor salud, viven en casas de concreto, tienen servicio de energía eléctrica, agua potable, modernos enseres del hogar, mejores medios de comunicación y de transportacion. Entonces, si en el presente “están mejor”, ¿a qué se debe su nostalgia? ¿Qué es, pues, lo mejor del pasado que añoran?

No echamos de menos lo que no conocemos. Cuando yo era pequeña y mi padre vivía como obrero agregado en una finca de cultvo de caña de azúcar en las décadas del cuarenta y el cincuenta del siglo pasado, no echábamos de menos el acondicionador de aire, el teléfono, la computadora, el celular, el televisor, las lavadoras de ropa y de platos, cosas que para nosotros no existían ni en nuestra imaginacion.

Tanto los que viven hoy en la Isla, como los que vivimos en Estados Unidos, echamos de menos la convivencia con nuestros seres queridos: familiares y amigos con quienes convivimos en nuestra infancia y por quienes sentimos amor y gratitud. Los que estamos en Estados Unidos y nos criamos en el área rural de la Isla, echamos de menos nuestro entorno natural: nuestros valles, colinas, montañas, riachuelos, manantiales, ríos, la sombra fresca debajo de los árboles y el olor a yerba húmeda cuando llueve. Echamos de menos el cantar de las aves: las reinitas, los colibríes, los pájaros carpinteros, los ruiseñores, los turpiales y los múcaros, por ejemplo. Echamos de menos los animales domésticos como gallinas, gallos, pollitos, guineas, conejos, perros y gatos. También añoramos el cantar del coquí y el sonido de la lluvia en los techos de zinc.

Echamos de menos el aroma de las flores de nuestro jardín, los colores de las flores, de las telas de nuestros vestidos, de las cortinas y de las pinturas de nuestras casas. Echamos de menos los olores, colores y sabores de los dulces confeccionados en casa, de las deliciosas frutas: guanábanas, corazones, mameyes, guayabas. chinas, mandarinas, guineos maduros, pomarrosas, parchas, piñas y cerezas. Echamos de menos lo que con tanto entusiasmo y amor cocinaban nuestras madres y abuelas: pasteles de masa de viandas ralladas, pasteles de arroz, bacalaítos fritos, sorullitos de maíz, alcapurrias, almojábanas, empanadillas, arepas dulces, arepas con bacalao, harina de maíz, arroz con leche, tembleque y majarete. Echamos de menos los juegos y las canciones infantiles y las canciones y bailes tradicionales. Echamos de menos las melodías de los instrumentos musicales de nuestra orquesta jíbara: cuatro, guitarra, tiple, bordonúa, guiro y maracas, cuando interpretaban danzas, valses, plenas, mazurcas, etc.

Quizás por mi crianza y ahora por mi edad, asimilo con lentitud las cosas nuevas de la vida, pero admiro profundamente el progreso de la civilización humana. Me gustan y disfruto, deseando que no desaparezcan, todos los objetos que ayudan y enriquecen nuestro diario vivir. Cuando me casé, hace cincuenta (50) años, en la lista de enseres del hogar imprescindibles para mí, escribí en primer lugar “lavadora de ropa”.

Mi nieto se ha convertido en un ferviente estudioso de la Historia. En una ocasión en que hablábamos sobre los inventos me preguntó cuál es mi preferido. Sin titubear le contesté: “De todos los inventos, el más valorado por mí es el inodoro, bello trono limpio y reluciente que desaparece de manera rápida el producto natural humano más desagradable y mal oliente que existe”. Ya antes le había explicado lo que fueron las letrina. Por supuesto, mi contestación le causó mucho asombro y risa.

Si nos preguntamos por la nostalgia y por la salud mental, la felicidad y la calidad de vida de las personas mayores, podremos estar de acuerdo con que es conveniente proveerles un entorno afin a su origen cultural, que complemente e integre las comodidades de su vida moderna con los recuerdos de los seres y objetos de su niñez y juventud.

Ya se tiene alguna evidencia de cómo ayuda el proveer a los pacientes de alzheimer experiencias visuales, olfativas y auditivas que le recuerden momentos agradables del pasado. Considero que actividades como la escritura, el escuchar música, el dibujo, la preparación de colecciones (álbumes) de fotos, canciones, poesías son de gran ayuda. Los familiares deben ocuparse de proveer los materiales (que pueden ser sencillos y económicos) y estimular actividades y tareas que hacían en su niñez y/o juventud.

Tiene mucha razón mi hija Lucero cuando se molesta al escuchar a algunas personas mayores decir que “ el tiempo pasado fue mejor“ o como dice una frase acuñada irónicamente por su padre “era mejor cuando era peor”. Por supuesto, actitudes dogmáticas, autoritarias, machistas, homofóbicas, racistas ,etc., etc. , que permeaban en todos los ámbitos de nuestra convivencia social y acciones afines a ellas, no son dignas de añorar. Las hemos ido combatiendo con mucho esfuerzo y, como han estado tan enraizadas por tanto tiempo, todavía no lo hemos logrado completamente, y seguimos luchando para erradicarlas. La vida de los campesinos obreros del siglo pasado en nuestra Isla era muy dura, llena de dolor y sacrificios. En películas hechas por la División de Educación a la Comunidad* se ponen de manifiesto los problemas que aquejaban a las familias y a las comunidades. Mi niñez y adolescencia en la finca Nangó del Barrio Monte Bello de Manatí estuvieron marcadas por las privaciones de la pobreza, situación que mis hermanos y yo pudimos superar gracias al trabajo y sacrificios de nuestros padres, a la labor de la Escuela pública y de sus excelentes maestros, y a la aportación del Club 4-H, adscrito al Servicio de Extensión Agrícola (UPR).

Mientras escribía esta reflexión pensé en el niño o niña que dejamos de ser y, al contemplar el rompecabezas de mi vida, me invadió la nostalgia.

NOSTALGIA

El niño que fuimos se nos va
sin darnos cuenta.
Y oscilamos dentro de un ser
que no sabe quién es.
Cuando más tarde
con frágil ábaco
de canas y verrugas de edad
sacamos la cuenta,
encontramos piezas sin montar
de un rompecabezas.
El tiempo y el espacio nos guían
para encajar las piezas,
y gotas de lluvia de nostalgia
humedecen la escena.

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En tiempo borrascoso….. cultivar el huerto


Por Pinocha Girasol Gepetto (Historiadora)

Mi amiga, Amapola Pinocha Del Valle, creadora de este Blog, me autorizó a mencionar el diagnóstico médico que recibió en octubre de 2018. Lamentablemente, padece de cáncer de páncreas con metástasis en el hígado. Al dialogar con ella, me ha parecido que tiene una actitud estoica al respecto la cual es digna de admirar. Me ha mostrado algunas reflexiones que ha escrito y me permite compartir con ustedes la de agosto de 2018.

Cultivar el huerto

Por Amapola Del Valle

Cuando en el mes de agosto me dieron el “casi diagnóstico”, creí que ya el rompecabezas de mi vida estaba montado en su totalidad y que pronto emprendería mi “viaje interestelar”. “Ya mis metas familiares están logradas”, pensé. Comence a hilvanar escenas de mi despedida…..

Pero esta noche, en tertulia telefónica con mi ahijada-sobrina Pinocha Marisopita, al contarle sobre la consulta médica de esta tarde, me di cuenta de que estaba equivocada.

Mi misión en el Planeta no está cumplida, queda una pieza del rompecabezas sin colocar. Cada pieza incluye lo que he hecho por mis seres queridos y por las personas que he encontrado en el camino. Pero me había olvidado de una persona querida, muy importante para mí: mi yo misma. Cuando hablé con mi doctor primario, Angel Tomito Pinocho De La Familia, este fue el primer señalamiento que me hizo. Me dijo algo así como: “ …..Llegó el momento de iniciar una nueva etapa en tu vida, dedicarte por completo a tí misma…..”

Aquí encontré hoy la clave para transformar mis pensamientos y, por consiguiente, mis sentimientos. Ya no más anticipaciones de rituales y despedidas. Como dijo el Cándido* de Voltaire: hoy “empezaré a cultivar mi huerto”…..

….. Esta noche no he podido dormir. Acostada al lado de mis libretas, lápices y papeles, a las cuatro de la madrugada, nuevamente decido escribir:

Tiempo borrascoso

Cuando te desvelas
por tener insomnio
no ves el Tiempo pasar.

El Tiempo atravieza
tus entrañas pasando
veloz por dentro de tí.

Te deja perforado
con sus ráfagas mariescas.
Colgado de un hilo
experimentas la tormenta.

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Destellos de conciencia

Amapola me ha solicitado que cambie el subtítulo de su Blog Pinocha.net que hemos estado usando desde su origen en el año 2010: “Los colores de la esquizofrenia y el ritmo de la bipolaridad.” * Este era el tîtulo que ella tenía para un libro que deseaba escribir al retirarse de su empleo. Cuando este proyecto no pudo concretarse, decidió crear un Blog y dedicarlo parcialmente a la “salud mental”. Los temas autobiográficos, la historia familiar, cultura puertorriqueña, y salud mental, etc. se han intercalado a lo largo de las publicaciones. La personas que visitan el Blog podrían confundirse por el subtítulo y pensar que el contenido del mismo se circunscribe a la salud mental perdiendo asi la oportunidad de disfrutar de otros relatos incluidos.
En el día de ayer, Amapola publicó una reflexión con el título “¿Quién soy yo?” el cual terminó con la afirmación “Yo he sido y soy un destello de conciencia ….
Esta reflexión le sirvió de motivación para escribir desde hoy como subtítulo del Blog: Destellos de conciencia, el cual apunta a la autora en la selección de los temas y en la redacción de los relatos.

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¿Quién soy yo?

Por Pinocha Girasol Gepetto (Historiadora)

Hoy he recibido por E – Mail un mensaje agridulce de mi amiga Amapola Del Valle.  Me ha comunicado que por motivos de salud ha pasado mucho tiempo sin publicar en este Blog.  A pesar de mi tristeza al conocer sobre la enfermedad de Amapola, me ha dado alegría  saber que al presente su condición ha mejorado y que ella desea que la siga ayudando como editora.  Para reanudar las publicaciones me envió un escrito titulado “¿Quién soy yo?”  Este escrito surgió como ejercicio de preparación para su próxima cita con su psicóloga.  Agradezco a Amapola que haya compartido esta reflexión conmigo y que desee compartirla con nuestros lectores.

Por Amapola Del Valle

Yo soy una mujer puertorriqueña de 73 años de edad que deseaba vivir 100 años al igual que mi madre, y hoy sabe que le queda poco tiempo de estadía en el Planeta Tierra. Nací en la década del cuarenta del siglo pasado y ya he vivido, en este siglo, casi dos décadas.

Lo que me ha gustado más de esta experiencia es tener conciencia de la existencia, la que recuerdo se inició en mi infancia. Un día, sentada en la pequeña cama de mi humilde casa, me dio un susto en mi pecho y una angustia tremenda al pensar en la posibilidad de que no existiera nada de nada y, por lo tanto, tampoco yo existiera. Desde ese día soy una persona triste que en todo momento siente la contingencia de la vida. Pero bajo esta tristeza está la felicidad de sentirse viva y peregrina en este hermoso Planeta.

Encontrarme en el mundo, yo conmigo misma, triste y a la misma vez feliz,  sin tener una meta, sólo el deseo de vivir con mi familia para siempre en este paraíso que llamamos Tierra. Para mí, paraíso, para otros hecatombes han sido sus experiencias. Me resulta raro que sienta tranquilidad y paz ante la posibilidad de que llegue el momento de apagarse mi conciencia y llegue, aunque lejano un día, en que nadie me recuerda. 

Yo he sido y soy un destello de conciencia que no sabe si existirá en la dimensión eterna. 


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Taller de grabado

Por Pinocha Girasol Gepetto (Historiadora)

Nos complace poder reanudar nuestras publicaciones y nuestra comunicación con nuestros lectores. Comenzaremos por una nueva experiencia de mi amiga Amapola en el campo del arte: el grabado

La primera vez que conoció el grabado fue en 1965, cuando estudiaba en la Universidad de los Pinochos Andantes, su entonces novio Aquileo gustaba de invitarla a ver exposiciones en el Museo de la Universidad.

Desde aquella época desarrolló gusto por los grabados y descubrió que muchos de los “Libros para el Pueblo” que publicaba la División de Educación de la Comunidad*, algunos de los cuales llegaron a su casa durante su infancia, contenían grabados por artistas puertorriqueños muy destacados. Sin embargo, nunca había tenido la oportunidad de conocer el proceso del grabado.

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En el pasado mes de junio de 2018 asistió a una actividad de “casa abierta” en la ciudad de San Juan, en el Centro para el Grabado y las Artes del Libro de Puerto Rico fundado por la artista puertorriqueña Consuelo Gotay.

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El mencionado Centro para el grabado está localizado en el antiguo edificio de la Biblioteca Carnegie.  Amapola y su esposo se matricularon en un curso básico de grabado ofrecido allí por la Profesora Raquel Quijano.

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A los 72 años de edad, Amapola ha sentido mucho entusiasmo iniciándose en una experiencia artística muy especial.

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fullsizeoutput_7366Placa de pbc con imagen creada y grabada por Amapola, dibujada en tinta de pluma”sharpie”, su primer ejercicio de práctica en el taller de la Profesora Quijano.

IMG_7136Placa de pbc entintada

fullsizeoutput_7367Grabado en papel en proceso de secado

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*La División de Educación de la Comunidad de Puerto Rico (DIVEDCO) se creó en 1949 para dar servicio a las zonas rurales. Fue creada para construir un programa de educación popular que tocaba temas sobre la familia, el empoderamiento comunitario y el nacionalismo, entre otros. Para lograr su propósito se produjeron películas, folletos, carteles y libros.

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Día de Acción de Gracias 2017

(Por Amapola Pinocha Del Valle)

Gracias a la vida por mi Isla

Puerto Rico donde nací,

por el Planeta Tierra

donde habito,

por mi familia

en la que fuí parida,

por la familia que fundé

con mi esposo,

por mis compatriotas

boricuas y del Mundo,

Y por el Cosmos con Estrellas

que me alumbran cada noche.

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SOS: Devastación en Puerto Rico por Huracán María

Por Pinocha Girasol Gepetto y Amapola Pinocha Del Valle

Queridos Amigos:

Deseamos dar a conocer al mundo los catastróficos daños causados por el Huracán  María en Puerto Rico en septiembre de 2017.  La ayuda recibida hasta el momento por el gobierno de Puerto Rico, de Estados Unidos, por la diáspora puertorriqueña y por alguna gente del exterior no ha sido suficiente ante la magnitud de los daños.  Solicitamos ayuda urgente de otros países. Para conocer detalles sobre la situación pueden contactar la Página Puerto Rico Huracán Videos y Fotos creada por la autora de este Blog Margarita Agosto de Fernández 

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Puertorriqueños centenarios II – Don Silverio Pérez sacando ñames

Por Pinocha Girasol Gepetto (Historiadora)

Amapola Del Valle ama a los campesinos centenarios, le recuerdan a sus padres y la vida en el campo durante su infancia y adolescencia.  Uno de los actuales centenarios que se ha convertido en su favorito es Don Silverio Pérez, quien tiene  102 años de edad, y se conserva activo en tareas hogareñas y campesinas cotidianas.  Su hijo mayor, Silverio Pérez, a menudo comparte en las redes sociales videos que graba cuando hace su turno de acompañar a sus padres.  Agradecemos a los dos Silverios por compartir sus experiencias Sacando ñames en Aguas Buenas.

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Depresion

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