Homero Pinocho Gorrión de la Montaña: rapsoda en la Isla del Coquí

Por Pinocha Girasol Gepetto, Historiadora

Uno de los legados que dejó Homero Pinocho Gorrión de la Montaña a sus hijos fue el amor y gusto por la lectura y la poesía, él fue un obrero “ilustrado”, a pesar de que asistió a la escuela hasta segundo grado solamente.  En la contraportada del libro Yuyo he encontrado un dibujo* de un hombre con una azada en su mano derecha y un libro en su mano izquierda que representa lo que él significó para sus familiares y amigos.

Homero leía y llevaba a su casa los periódicos, revistas y libros que los dueños de la Finca Nangó ya no usaban y uno de sus preferidos era El Puerto Rico Ilustrado.

La familia Gorrión de la Montaña Arenas del Valle también se benefició de los programas gubernamentales de la década de 1950.   El gobierno de Puerto Rico, bajo el liderato de Luis Muñoz Marín**, desarrolló un Programa de Alfabetización y Educación de Adultos.  Entre los años 1956-1957, el hermano de Amapola, Pinocho Gorrión Soñador, trabajó de manera itinerante enseñando a leer a los adultos.   La madre de Amapola aprendió a firmar y a leer algunas palabras, oraciones y números, pero cuando su hijo cambió de trabajo no continuó asistiendo a la escuela de adultos y prefirió dedicarse a cuidar a sus nietos.

Muñoz Marín impulsó un proyecto para la creación de una Biblioteca del Pueblo de Puerto Rico para proveer libros baratos y en cantidades suficientes para despertar el interés de la población en la lectura.  Se distribuían gratuitamente en pueblos y campos con instrucciones indicando que después de leerlos los pasarían a otros amigos y vecinos.   Este proyecto se inició con la publicación de la novela Yuyo***, de Miguel Meléndez Muñoz, Cosas de Antaño y Ogaño, de Matías González García y Versos del Hombre y de la Vida****, preparado por la División de Estudios Educativos del Consejo Superior de Enseñaza.

Amapola y su familia también se beneficiaron del Programa de Educación a la Comunidad que repartía pequeños libros con diversos temas de interés educativo para el campesino escritos por excelentes autores puertorriquenos e ilustrados por los mejores artistas gráficos del momento.  Esta serie de Libros para el Pueblo era acompãda de películas de temas relacionados que se exhibían en diferentes reuniones campesinas al aire libre.   La familia de Amapola Pinocha recuerda con entusiasmo al Sr. Lorenzo Santiago (Don Chago) quien estaba a cargo del Programa de Educación a la Comunidad en la Ciudad Atenas.

Desde que aprendieron a leer, el libro preferido de Amapola Pinocha Del Valle y sus hermanas era Versos del Hombre y de la Vida.  Se aprendían algunas de sus poesías de memoria y las recitaban en el patio de su casa a la luz de la luna, y también en actividades escolares.

Homero pinocho recitaba todo el tiempo décimas compuestas por su padre y por otros autores anónimos de la época además de poesías de autores famosos conocidos.   A lo largo de los años uno de los poemas preferidos de la familia ha sido Visiones de un ciego de Clemente Ramírez de Arellano.  Diferentes investigadores, incluyendo a la Dra. Marantha Pinocha, hermana de Amapola, han tratado de encontrar, de manera escrita o en la tradición oral, una versión completa de ese poema y no han tenido éxito.

Incluimos aquí el poema tal y como lo recitaba Don Homero, transcrito con mucha dificultad de una grabación en cinta magnetofónica:

VISIONES DE UN CIEGO

Poema por Clemente Ramírez De Arellano (1868-1945)
según recordada por Homero Pinocho Gorrión De La Montaña (1907-1994)

Es barca mi corazón
que surca el mar de la vida
por las olas combatida
bajo filoso aquilón.

Y voy ciego, mi dolor
ningún ánimo conmueva
yo soy un ciego que lleva
una luz en su interior.

Al fascinar mis sentidos
sus divinas vibraciones
surgen en mí las visiones
de un mundo desconocido.

Mundo donde el bien impera
con soberano poder
y el código del deber
no es fantástica quimera,

Donde la verdad desnuda
brilla sin necia artimaña;
no se enturbia, no se empaña
con la sombra de la duda.

Donde al instinto arrebol
de la sangre fraticida
todo es amor, todo es vida
todo es gloria, todo es sol.

Donde arrastra el azar
al corazón que atormenta,
cuando cesa la tormenta
la paz regresa al hogar.

Yo soy ciego sin segundo
y lo quiero siempre ser
para no sentir ni ver
tantos ciegos por el mundo.

Ciego quien halla razón
para dos mundos hacer
aquellos que son sin ser
de los que siendo no son.

Ciego a quien la paz le encanta
del santo hogar pero ignora
que en cada cuna que llora
hay una madre que canta.

Ciego quien no quiera ver
ante su mente serena
que la espina de una pena
es promesa de un placer.

Ciego quien ama y olvida
y que vive de tal suerte
que no sabe que la muerte
es un salto a la otra vida… *****

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* Dibujo de José Meléndez Contreras en Yuyo, Miguel Meléndez Muñoz, Editorial Orión Mexico, 1953 (Serie Literatura, Biblioteca para el Pueblo).

** “Un Hombre para la Historia”,  El Sol, Edición Especial, Revista Oficial de la Asociación de Maestros de Puerto Rico, Año XLII Núm. 4, 199?.

*** Cosas de antaño y ogaño, Matías GonzálezGarcía

**** Versos del hombre y de la vida
***** Si alguna persona conoce otra versión de este poema favor de comunicarlo a Amapola y su familia en la sección de comentarios de este Blog.

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