Sueño de Pinocha I

Por Pinocha Gepetto

Historiadora

A Pinocha le gusta recordar sus sueños y, cuando al despertar tiene fresco en su memoria un sueño interesante o significativo para ella, lo escribe inmediatamente en su Diario.  Al discutir con ella cómo publicamos este material, ella prefirió que yo leyera el relato y lo redactara con mi estilo de historiadora.  Cuando algunas de las hojas escritas estén muy borrosas reconstruiré el contenido mediante entrevista a Pinocha.  El siguiente relato es un manuscrito de noviembre de 2003 ( 5:00 A.M.) y fue copiado en su Computadora el 6 de mayo de 2006 ( 1:00 A.M.):

A las cinco de la mañana (5:00 A.M. ) Pinocha despertó.  Sintió la lengua adormecida.  Se sintió un poco cansada.  Había tenido un sueño que alguien podría considerar horrible.   Su sueño o pesadilla empezó cuando Pinocha se encontró viviendo en una casa grande en ruinas donde siempre vive mientras duerme.  Su casa estaba ubicada cerca del pueblo y en esos días se estaban celebrando las fiestas patronales.  Era una casa grande de dos niveles pero Pinocha vivía sólo en una parte de la casa porque la otra parte amenazaba con derrumbarse.  Esa noche uno de los dormitorios del segundo piso donde ella tenía sus libros y reliquias más queridas se derrumbó con un ruido ensordecedor.  Al ocurrir esto Pinocha pensó:  “Esto yo lo sabía, yo estaba allá, pero por intuición o por un poder especial sabía que esto iba a ocurrir;  y con mi poder y el de la Providencia Divina me salvé.”  Al pensar esto, observó que mucha gente de los alrededores y de lugares lejanos caminaban en ruta hacia su casa.  Ella se detuvo frente a la muchedumbre en medio del camino y gritó: “Tengo derecho a impedir que toda esa gente venga a ver mis ruinas, tengo derecho a la privacidad”,  pero mucha gente le pasó por el lado, otros por otros caminos, entraron, vieron, pasaron.

De momento, Pinocha se encontró extraviada caminando por la carretera que conduce hacia el Sector Cuco del Barrio PinoVerdeBello con la intención de llegar a su casa en ruinas.  Pasó frente a la casa pero no supo cómo y por qué se perdió…  se transformó la calle.  Cuando regresó al lugar de la casa una persona le dio boletos con forma ovalada para que asistiera a una representación teatral de la obra de Alejandro Casona…  Pinocha tomó los boletos…  pasó por el lugar en ruinas y todo se transformó nuevamente, no encontró la casa.

Inesperadamente Pinocha se encontró con su mamá Micaela Pinocha en un cruce de caminos. Miraron hacia arriba y observaron que Hermana Grandota venía bajando el camino, resbalando o deslizándose montaña abajo…  Pinocha dijo:  “Quiero subir para ver el paisaje desde lo alto”,  subió y se trepó en las ruinas para ver a lo lejos.

Vio montes y el paisaje del cielo.  Vio y sintió las nubes muy cerca de ella. La nube más cercana era rara y tenía color rosa.  De momento la nube bajó y se convirtió en un caballo rosa y le pasó cerca pero no la atacó.

Pinocha preguntó a Hermana Grandota:  “¿Tú ves ese caballo?”  Ella contestó:  “No”.  “¿Y ves ésto otro?”  Hermana Grandota dijo:  “No”.  Pinocha seguía viendo cosas de las cuales sospechaba que no eran reales y pensó que eso le ocurre a las personas que tienen esquizofrenia.  De momento Hermana Grandota le dijo: “Percibir las cosas así es tener esquizofrenia.”  Pero Pinocha no se asustó y dijo:  “Yo tengo esquizofrenia…  pero como yo estudié filosofía siempre estoy consciente de cómo las personas perciben la “realidad” que les rodea.  A mí la esquizofrenia me afecta menos.  Voy a hacer como el Doctor Pinocho Nash pero desde el comienzo de mi película.  No le haré caso a esas cosas que se me aparecen, haré que no me afecten, las alucinaciones no me dan miedo…”  Las cosas que vio tenían colores radiantes, anaranjado, rojo, amarillo, azul y otros colores.

De repente las visiones continuaron, las escenas cambiaban tan aceleradamente que cuando despertó Pinocha no pudo describirlas en su Diario, eran tan complejas que no sabía qué era real o qué era “visión” o “aparición”.  Pinocha le dijo a Hermana Grandota, quien estaba al lado de Mamá Micaela Pinocha:  “Llévame a mi doctor “Pinocho Descartes”.  Caminando muy a prisa llegaron a donde estaba el Pinocho Psiquiatra y al llegar Pinocha le dijo antes de saludarlo:  “Tengo esquizofrenia”, pero al acercarse a él lo vio con la cara de un personaje de una película.  Todo en la escena vivida volvió a complicarse, aparecieron de repente muchas personas y cosas.  Pinocha, Hermana Grandota y Mamá Micaela iban sin control de un lado para otro… tratando de localizar al Pinocho Psiquiatra y hablar con él………  Más adelante en un camino Pinocha fue atendida por un anciano cariñoso y comprensivo a quien ella reconoció como su Doctor Pinocho Descartes pero no recuerda lo que él le dijo.  Mientras vivía esas escenas Pinocha pensó en el hijo de una amiga quien desde pequeño se negaba a comer fideos y se preguntó:  “¿Será que su hijo percibía los fideos como gusanos o culebritas?”.

Al despertar Pinocha recordó el libro Los Colores de la Esquizofrenia y el Ritmo de la Bipolaridad que ella desea escribir.  Ella está absolutamente segura de que lo que vivió en el sueño debe ser bien parecido a algunas de las “experiencias” de las personas con esquizofrenia.  Recuerda que le dijo al Pinocho Psiquiatra que todo comenzó con el problema de la casa en ruinas de sus pesadillas y que eso podría ser el desencadenante de su enfermedad.  Al ser entrevistada, Pinocha afirmó que este sueño podría parecer horrible para otras personas pero que en ningún momento ella se sintió horrorizada y se sentía con un grado de control.  Cuando la escena se le complicó tuvo que pedir ayuda y pudo hacerlo.  Cuando lo hizo pensó que la enviarían a un Hospital Pinocho-Psiquiátrico donde le darían medicamentos apropiados para controlar las alucinaciones y confiada se puso en manos de Hermana Grandota para que la protegiera y le buscara ayuda con su Pinocho Psiquiatra.

Al terminar el relato de su sueño en su Diario, Pinocha escribió la siguiente reflexión:  “Una persona responsable debe desarrollar sus destrezas de pensamiento crítico y reconocer que, si empieza a tener alucinaciones u otros síntomas mentales raros, necesita buscar ayuda médica profesional antes de que “la escena se le complique” y tengan que hospitalizarla con una Orden Judicial.”

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1 Response to Sueño de Pinocha I

  1. Ilka V. Esteva Tavárez says:

    Querida Margarita,

    Lo he leído todo de un tirón pero no con prisa: los relatos, la canción, los maravillosos poemas, excelentes, los dibujos de la niña de primaria que aún vive en ti… No podia parar. Precisamente ayer leía La llamarada, metiéndome en el sentimiento y el paisaje de esa obra (aunque más bien el paisaje se metía en mi por virtud de la palabra.) Y ahora esto… y no es casualidad. Tu relato esta íntimamente emparentado con esa obra y surte en mí el mismo efecto. Tu añoranza y la de tus hermanos por aquellos parajes que tuviste hace que emerja mi propia añoranza infantil por esos mismos paisajes que yo no tenía. Aunque como hija de la costa cuyas olas han arrullado con cariño mis sueños y desvelos y tengo la bendición de los azules y verdes de las aguas, yo fui una niña del pueblo que soñaba con el campo. Eso se me coló en el poema Mudanza, del librito ilustrado Aire, Cielo, Tierra y Mar, aún inédito. Lo comparto contigo:

    Mudanza

    Cuando mudé mi casita
    de la playa a los montes
    el verde salió a recibirme
    !todo cubierto de flores!

    Vinieron a saludarme
    las cabritas y los chivos.
    La tierra se sonrojaba
    y me guiñaba su ojito.

    Cuando mudé mi casita
    de la playa a los montes
    lagrimitas de salitre
    lloraba la arena entonces.

    -¡No llores, playa! -le dije,
    que en el corazón me llevo
    collares de caracoles,
    algas, peces de colores

    ¡y un marullito en el pecho!

    Sigue escribiendo tus memorias que son las de todo un pueblo, tan tuyas y tan de todos. Yo, que sé de lo que hablas y cómo has manejado los vaivenes de tu vida y la de los que te rodean, como una Dama Andante, me siento privilegiada de llamarte mi mentora y amiga. Gracias por seguir ofreciéndonos una lección magistral de alma y vida.

    Un abrazo,
    Ilka

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