El nido vacío

Por Amapola Pinocha Del Valle

Desde el pasado viernes, 22 de febrero de 2013, pasé varios días en casa de mi mamá,  Micaela Noventa-y-ocho Arenas Del Valle.  Cuando regresé a mi casa, el martes por la tarde, tuve la grata sorpresa de ver que las hijas de la tórtola que anidó sobre la trinitaria que adorna la entrada principal de mi casa, estaban casi tan grandes como su mamá. El miércoles pasé casi todo el día observándolas, por suerte podía verlas a través de las ventanas de la sala y la cocina, desde el balcón y la escalera y desde el techo.  Entre tarea y tarea cotidiana pude tomar muchas fotos y, aunque soy novata tomando videos con el celular, pude lograr muchas imágenes que amarran las que tengo en mi memoria.

Entre 8:00 y 9:00 AM del miércoles 27 de febrero, grabé mi primer video.  Por suerte tengo paciencia y soy perseverante. Permanecí con el celular en mano durante suficiente tiempo.  Después que las jóvenes tórtolas hicieron sus ejercicios de  “calentamiento” de alas, observé a la mamá tórtola volar a la acera, cruzar la calle caminando y permanecer en la acera contraria.  Muy grande fue mi susto debido a que los autos pasan muy veloces por la carretera.  Una de las jóvenes tórtolas voló a la acera al otro lado de la carretera donde la esperaba su mamá y luego ambas volaron de regreso a la trinitaria.

Vídeo por Amapola Del Valle: Mamá Tórtola enseña a volar a sus hijos (edición de video en preparación)

Tenía la esperanza y convencimiento de que esa noche las tórtolas dormirían en su nido.  Por un rato las observé mientras descansaban acariciadas por la brisa  escuchando las melodías de una nana producidas por las campanas de viento en el portón del balcón.

A media tarde salí al balcón y las tórtolas habían “desaparecido”.  Con el corazón latiendo fuerte miré a mi alrededor y no las encontré.  Cuando las di por perdidas se me ocurrió mirar para arriba  y vi tres cabecitas asomadas en el alero.  Subí rápidamente la escalera hacia el techo y pude retratar las tórtolas en el alero de la casa.

 

 

Continué con las tareas domésticas y, a las 6:00 de la tarde, mi vecina me llamó con insistencia para decirme que la mamá y las bebés tórtola estaban en el cable del tendido eléctrico.  “Se van”, me dijeron ella y su hija.  Apresuradamente subí al techo y las vi volar hacia el árbol de tulipán africano al otro lado de la carretera.

Luego las vi regresar a los arbolitos en el patio delantero de la casa de mi vecina. . . . .

 

Al mirar hacia el oeste, la puesta del sol lucía sus bellos colores amarillos y anaranjados.  Mamá tórtola alzó el vuelo hacia el árbol de tulipán africano, seguida por sus hijas; alumbradas por la hermosa puesta del sol hacían su primer breve viaje para dormir fuera del nido.

 

 

 

Desde el techo y luego desde el balcón contemplé, con sentimientos mixtos, el nido vacío; reviviendo los sentimientos que tuve las veces que vi a mis hijos salir en auto para ir a sus respectivos hospedajes en la ciudad universitaria de San Juan; sabiendo que ese viaje de ida tendría regreso sólo para visitas cortas.

Mis experiencias viendo y retratando a la tórtola y sus hijas, es el mejor regalo de cumpleaños que he tenido en el mes de febrero.

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