Recuerdos y poemas frente al Valle del Manatuabón

Por Pinocha Girasol Gepetto

Amapola Pinocha viaja con frecuencia desde su pueblo, La Tierra de los Buhos Encantados, hasta su  ciudad natal, Atenas, para cuidar a Mamá Micaela quien tiene 96 años de edad. Ella gusta de ir por la ruta IC-642 para pasar  por Valle Verde, el lugar de vivienda durante su infancia y adolescencia. En días recientes retrató el paisaje desde el Puente Nuevo sobre el Río Manatuabón. A uno de los retratos le colocó dos estrellitas marcando los lugares donde estuvo ubicada su casita de madera y zinc y me regaló copias de los retratos.

Cuando Amapola Pinocha conduce su auto sola por esta ruta, recita en voz alta un poema que aprendió de niña, Paréntesis, de Luis Muñoz Rivera.

Tras diez años de luchas incesantes
quiero vagar, como antes,
junto a la margen del humilde río
que tantas veces ofreció a mis penas
la paz de sus arenas
y la quietud de su ribazo umbrío.

Corren aqui, cual líquidos cristales,
otras linfas iguales
a las que vi correr hora por hora;
y en su murmullo lánguido y doliente,
el espíritu siente
toda una juventud que pasa y llora….. *


La “terapia poética” ha ayudado mucho a Amapola Pinocha a mejorar su memoria.  Recordaba sólo unos pocos versos del poema  de Luis Muñoz Rivera,  el cual recitó en una actividad  en la Escuela Intermedia entre 1957-1960.  Un día, en el año 2005, buscando poemas para sus terapias encontró en su biblioteca el libro de poemas de  Muñoz Rivera.  Se sintió muy emocionada porque, aunque el poema es muy largo, con poco esfuerzo pudo reactivarlo en su memoria.  Con frecuencia ha recitado el poema a lo largo de toda la ruta y, a veces, se ha detenido en el Puente Nuevo a recitar.  Amapola Pinocha me ha dicho con picardía: “Lo he hecho sin que los transeuntes se den cuenta, pues de lo contrario le dirían a mi familia que me lleven al Pinochosiquiátrico.  Me identifico con los sentimientos del autor y me emociono cuando recito este poema.”
El paisaje de Valle Verde, con su Río Grande Manatuabón, adquirió para Amapola Pinocha, en el año 2002, un significado nuevo  relacionado con su hermana menor, Canita Pinocha, el cual me relató con una mezcla de tristeza y alegría.

Cuando Amapola Pinocha se retiró de su empleo, acompañó durante dos años a su hermana menor a tratamientos de quimioterapia en San Juan. La tímida Canita Pinocha de la infancia se había convertido en Marantha Pinocha, Doctora en Filosofía y Letras y Catedrática de una prestigiosa Universidad, pero tuvo que retirarse del empleo por motivos de salud.  Durante un viaje,  ella le habló a Amapola Pinocha de la cercanía de su partida de este Planeta y de su opción por la cremación en el momento de su deceso.  Triste y tímidamente, Amapola Pinocha sacó fuerzas del amor de su corazón para preguntarle dónde deseaba que se colocaran sus cenizas.  Su hermana contestó sin titubeos:  “En el Río Manatuabón, en el sector Valle Verde (Nangó), donde pasamos nuestra niñez y adolescencia.”

El día 30 de abril de 2002, su hermana falleció.  Durante diez días, Amapola Pinocha y Dalmathia (Hermana Grandota) habían acompañado a Canita Pinocha (Dra. Marantha Pinocha) en el hospital.  En el momento del deceso, Amapola Pinocha tejió una hermosa corona con orquídeas que su amiga Dora Pinocha había colocado en un florero; adornando con amor el cabello de su hermana.  Luego le tocó vivir, por primera vez, la triste e impactante experiencia de coordinar los servicios de cremación de un familiar cercano.  Ella misma, acompañada de familiares y amigos íntimos, derramó en el agua cercana al Puente, las cenizas de su amada hermana.  Al hacerlo visualizó que el alma de su hermana se convertía en Mariposa y empezaba a revolotear por la vegetación de las Montañas y el Valle del Manatuabón.

Transcribo lo que Amapola Pinocha me dijo que había ocurrido, poco tiempo después, durante las lluvias de mayo  de ese año de 2002:  “Algunos meses más tarde, el Espíritu del Río Manatuabón quiso homenajear a la fiel amiga que se unió a él para  la eternidad. Durante unas lluvias torrenciales, con la ayuda  de las aguas enviadas por afluentes del Toro Negro de Ciales y las aguas del Río Encantado, socavó la carretera cercana al puente por donde habíamos caminado con la Urna de Cenizas.  Empleados obreros estatales reconstruyeron la carretera y edificaron, con piedras del Río Manatuabón un muro de contención que los transeuntes pueden apreciar cuando viajan por el Puente Nuevo. El lugar se ve ahora más hermoso.  Algún día crecerán allí nuevos árboles y plantas.”
Foto Río Manatuabón crecido

El día que Amapola Pinocha retrató el Valle, se detuvo cerca del lugar de su antigua casa y vio una mariposa que volaba alegre sobre las flores silvestres.  No pudo retratarla, pero vinieron a su mente imágenes alegres de su hermana querida cuando vivían frente al Valle y los días felices de reuniones familiares en casa de Mamá Micaela.

Por medio del pensamiento poético, Amapola Pinocha convierte las fotos y los recuerdos en blanco y negro en imágenes de colores y los pensamientos de tristeza y pesadumbre en pensamientos de alegría y esperanza.  Sobre sus sueños me dijo: “En algunas ocasiones tengo pesadillas nocturnas al soñar que tengo esquizofrenia. Cuando despierto, hago dibujos y convierto las horribles y molestas alucinaciones del sueño en figuras amables y las pinto con brillantes colores.”

Para este relato, Amapola Pinocha me había solicitado que le hiciera la entrevista en el Puente Nuevo sobre el Río Manatuabón de Valle Verde (Nangó) y fuimos juntas al lugar.  Al final de la entrevista me dijo: “Cuando Muñoz Rivera, después de diez años, volvió al lugar de su infancia,  dijo en su poema: “Es el mismo paisaje, no varía, lo encuentro como el día en que le dije adios, convulso y triste…” * Yo, en cambio, después de 50 años, puedo decirte que los contornos del terreno han cambiado poco y celebro que las tierras no han sido sembradas de cemento.  El terreno donde estaba mi casa fue cortado y toda la tierra removida para mejorar la carretera, un cambio que reconozco como necesario. Pero mi amado manantial desapareció, el lugar está triste y solo, vacío de gente, árboles y flores.”

* Fragmento del poema Paréntesis, véase Poemas y pensamientos de Luis Muñoz Rivera, Instituto de Cultura Puertorriqueña, San Juan de Puerto Rico, 1963.

Lomita Nangó

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7 Responses to Recuerdos y poemas frente al Valle del Manatuabón

  1. maria says:

    El tiempo no perdona; no se detiene. El recuerdo ancla el momento, la época, la historia, la persona. El recuerdo perpetúa la imagén y el sentimiento. El recuerdo nos permite el regreso al pasado.

  2. maria says:

    El tiempo pasa sin clemencia y dejamos atrás muchos recuerdos. Son esos los que nos anclan en un momento, una imagen, una historia, una persona. Nos regresan a un sentimiento y una amistad que el paso angustioso del tiempo no pueden borrar.

    • pinocha says:

      Querida Amiga María:
      Tu comentario me indica tu solidaridad con mis sentimientos. Las frases de tus oraciones son muy poéticas. El espíritu del Valle del Río Manatuabón será guardián eterno del sagrado recuerdo de nuestra amiga-hermana. Abrazos.

  3. Angeles Almenas says:

    Esta narracion me trae muchos recuerdos. yo la sigo soñando muy amenudo y al despertar me toma un tiempo recordar que ya no esta donde la pueda visitar o planificar una salida.

  4. carmencita vicens says:

    No imaginé cuanto disfrutaría este relato…no sabía que en algún momento se confundiría con mi imaginación…creo que yo sí la retraté! Te envío la foto…
    Amapola Pinocha vive feliz cada instante en comunión con su espíritu en el Río Manatuabón y en cada instante le devuelve la vida a Canita Pinocha….

    • pinocha says:

      Querida Carmencita: Al leer tu mensaje, volví a leer mi escrito y me emocioné. Gracias por tu solidaridad con mis sentimientos hacia mi querida hermana, el Valle y el Río Manatuabón….

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