Por Pinocha Girasol Gepetto, Historiadora
Hoy Amapola Pinocha Del Valle encontró en su Biblioteca dos libros de Allan Cardec que pertenecieron a su padre Homero y a su tío Tano. Los libros son La moral espiritista o El Evangelio según el espiritismo, el cual contiene “La explicación de las máximas morales de Cristo, su concordancia en el espiritismo y su aplicación a las diversas posiciones de la vida”*, y Colección de oraciones escogidas (Nuevo devocionario espiritista) por Allan Kardec y otras de varios autores**.
Estos libros son una de las “reliquias” más antiguas que Amapola conserva de su padre y contienen un mensaje escrito por su tío, Etanislao Carrión (Tano), en 1925. Amapola no conoció a Tano, quien nació en 1905, pero recuerda muy bien las noches en que, con frecuencia, Homero reunía a la familia en la pequeña casa de madera y zinc en la Finca Nangó para escuchar, a la luz del quinqué y velas, la lectura del nuevo devocionario espiritista de Allan Cardec, libro que perteneció a Tano. Dalmathia, la hermana mayor, era la lectora en aquellos tiempos y todavía recuerda las largas “oraciones” y/o poemas que de mucho leer aprendió de memoria.
Amapola recuerda aquella actividad como un bello recital y considera que escuchar las oraciones de Allan Kardec fue una experiencia positiva para ella porque, a pesar de vivir en un lugar aislado , sin vecinos, se sentía acompañada por “los ángeles guardianes y espiritus protectores” y recibió a temprana edad valores espirituales, morales y de convivencia social contenidos en los escritos de Kardec.
De las “oraciones poemas” de estos libros y que Homero recitaba de memoria a menudo, seleccionamos tres para compartir con nuestros lectores.
ACTO DE AMOR A DIOS I
A ti vuela, Señor, mi pensamiento,
palpita por tu amor mi corazón.
Haz que hacia Ti me eleve el sufrimiento,
y de ofensas e injurias el perdón.
Que brille en mi horizonte la esperanza,
que me alumbre la antorcha de la Fe,
y bendice al espíritu que avanza
entre tinieblas si esa luz no ve.
De caridad la llama abrazadora
sea en mi pecho el fuego de Vestal,
voz de consuelo para el ser que llora,
pan de los pobres y remedio al mal.
Del egoísmo arranca la semilla
si pretendiera germinal en mí.
A Ti, Señor, la creación se humilla:
mi orgullo sólo desconoce a Tí.
Desvanece las nubes de mi mente
que intentara la duda levantar;
y en alas de un rumor siempre creciente
deja que pueda a tu mansión volar.
ACTO DE AMOR A DIOS II
Yo sentía, mi Dios, dentro del pecho
un deseo y afán siempre creciente,
y ese afán ardentísimo y deshecho,
era un enigma a mi confusa mente.
Yo buscaba un objeto que pudiera
dejar contento al corazón ansioso
y no lo hallaba en la natura entera
y volvía a mi anhelo impetuoso.
Y era, Dios mío, que mi pecho amaba
y en ese inmenso afán en que latía,
objeto inmenso cual su amor buscaba
y era el mundo pequeño al ansia mía.
Entonces conocí cuál era el polo
que yo buscaba en mi ferviente anhelo,
y desde entonces me entregué a Ti solo
y fuiste mi amor y mi consuelo.
Amor divino, cuya ardiente llama
nutre el ser que me dio tu providencia,
que es el cadáver, Dios mío, el que no ama.
y tu amor es la vida, la existencia.
Mas ay, que el pecho fascinado a veces
de Ti se olvida, aletargado y frío
y pagado tu amor con esquiveces,
la mundana ilusión abraza impío.
Mas no permitas que un error tan triste,
afecto alguno al corazón exhale,
que es indigno del alma que me diste
amar un mundo que tan poco vale.
Calle ese mundo, pues, y calle el grito
con que apartarme de tu amor intenta;
un corazón que amando es infinito
con menos que con Dios no se contenta.
PLEGARIA DEL NAUFRAGO
Torna tu vista, Dios mío,
hacia esta infeliz criatura,
no me des mi sepultura,
entre las olas del mar.
Dame la fuerza y valor
para salvar el abismo,
dame gracia, por lo mismo
que es más grande tu bondad.
Si yo, cual frágil barquilla,
por mi soberbia halagado,
el mar humano he cruzado
tan solo tras el placer.
Déjame, Señor, que vuelva
a pisar el continente,
haciendo voto ferviente
de ser cristiano con fe.
Si yo con mi torpe falta
me he mecido entre la bruma
desafiando la espuma
que levanta el temporal;
te ofrezco que en adelante
no tendré el atrevimiento
de ensordecer al lamento
de aquel que sufre en el mal.
Y si siguiendo mi rumbo,
he tenido hasta el descaro
de burlarme de aquel faro
que puesto me designó;
yo te prometo, Dios mío,
no burlarme de esa luz
que brilla sobre la cruz
por el hijo de tu amor.
¡Oh! Tú, padre de mi alma
que escuchas al afligido,
y me ves arrepentido
de lo que mi vida fue;
sálvame, dios mío, sálvame,
y dame, antes que dé cuenta,
para que yo me arrepienta,
el tiempo preciso : Amén.
Allan Kardec (1804-1869), fue el pseudónimo del pedagogo francés Hippolyte Léon Denizard Rivail, reconocido como sistematizador del espiritismo. Kardec estudió en reconocidos centros de enseñanza de Europa, adquiriendo vastos conocimientos en ciencias y letras. Hablaba correctamente alemán, inglés, italiano, español y holandes, ademés de su idioma vernáculo, el francés.
La creencia en la reencarnación es uno de los principios de la doctrina espiritista de “Allan Kardec” quien usó este nombre cuando publicó su primer libro, El libro de los espíritus (1857), alegando que tuvo este nombre en una existencia anterior. El éxito de esta publicación propició la constitución formal de la Sociedad Espiritista de París. En 1864, los escritos de Kardec fueron incluidos en el Indice de Libros prohibidos por la Iglesia Católica. Sin embargo, estos libros fueron conocidos en muchos lugares de Europa y América.
En la última década del siglo XIX, había demanda en las Américas por libros publicados en castellano lo que dio lugar a la fundación de la Casa Editorial Maucci en Barcelona, España. Maucci publicó textos para las masas, novelas, libros de medicina popular y de conocimientos útiles, diccionarios, enciclopedias, textos escolares, obras de espiritismo y ciencias ocultas, etc. De acuerdo con Leona Martin***, la Editorial Maucci publicó para Puerto Rico en 1910 y 1920.
* La moral espiritista o El evangelio según el espiritismo, Ediciones Horizontes, México, D. F. , 416 págs. (página con fecha de publicación y páginas finales perdidas).
** Colección de oraciones escogidas (Nuevo devocionario espiritista) por Allan Kardec y otras de varios autores, Barcelona, Casa Editorial Maucci; no encontramos la fecha de publicación pero dice que ganó Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena en 1903, Madrid 1907, Budapest 1907 y Gran Premio en la de Buenos Aires 1910. En la página final contiene un mensaje (“Si este libro se extravía…..”), en manuscrito, firmado por Etanislao Carrión, 1925.
*** Leona Martin, Entre la antología de poetas hispanoamericanso de Marcelino Menéndez Pelayo y Los parnasos de la Editorial Maucci: Reflejos del ocaso de la hegemonía colonial, http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v15/martin.html







Un tesoro de historia y de momentos que debemos rescatar.