Muletillas sofisticadas, cuento para padres, maestros y abuelos

Por Amapola Pinocha Del Valle

Mario llegó muy contento a su nueva escuela bilingüe en el área metropolitana donde únicamente la clase de Español no será en Inglés.  A Mario le gustan mucho los  idiomas, disfruta tanto del Inglés como del Español, conoce algunas palabras en Francés y su padre le enseñó a decir “domo arigato”, que significa “muchas gracias” en Japonés.  Desde que empezó a leer, a los cuatro  años de edad, siempre vigila la corrección de las palabras.  Cuando tiene dudas, solicita ayuda a sus padres y a su abuela.   Aprendió la palabra “espiráculo” con el personaje Doki en el canal de televisión Discovery Kids y, con Pinki Dinki Doo, ha aprendido  “palabras sofisticadas” que todos admiran.

Cuando salió del salón de Español, el primer día de clases, Mario estaba muy emocionado con el proyecto que la maestra asignó para el final del semestre escolar.  Las carpetas con los escritos de los niños serían exhibidas  el día de visitas de los padres a la escuela  con motivo de la celebración de la Semana de la Lengua Española.  Los niños tendrían un mes para seleccionar su tema.  Mientras se acercaba al estacionamiento donde lo esperaba su mamá, Mario caminaba pensando:  “¡Qué interesante, seré como el niño científico del canal Discovery Kids!”.

Pasaron varias semanas y el niño no lograba escoger un tema para su proyecto. Pero un día, mientras la maestra hablaba a la hora del recreo con un compañero  de trabajo, le escuchó decir que algunas personas usan “muletillas” al hablar.  Mario dejó a un lado al amigo con el que jugaba, caminó con dificultad pero con rapidez hacia la maestra.  A distancia prudente esperó quieto, pero impaciente, que el maestro se alejara y se acercó a la maestra.

–Con el permiso, maestra, ¿qué son muletillas?  ¿ Son los palos en forma de escalerita que usan las personas para caminar cuando tienen un yeso en una pierna? –preguntó Mario muy circunspecto.

–No, Mario –contestó la maestra–.  El artefacto que ayuda a caminar y tú dices que se parece a una escalerita, se  conoce como “muleta”.

–¡Ah! maestra, ¿entonces “muleta” es sinónimo de “gancho”? –preguntó Mario.

–No, Mario –dijo la maestra–.  “Muleta” y “gancho” no  son sinónimos, se refieren a diferentes tipos de artefactos.  Tú usas “ganchos” para caminar, pero tus “ganchos”  no son “muletas”.

–Maestra –dijo Mario–, mi abuela se ayuda a caminar con una “vara de San José” cuando sube a los mogotes cerca de su casa.  ¿Usted sabe lo que es una “vara de San José”?

–Sí, Mario –contestó la maestra–, pero tu abuela no le llama “gancho” ni “muleta” a su “vara de San José”.

–Ya entiendo.  Entonces, ¿qué son “muletillas”? –preguntó Mario un poco ansioso.

La maestra, con una actitud muy comprensiva, contestó–:  Las muletillas son palabras o frases que usan las personas con demasiada frecuencia para ayudarse cuando hablan y tienen dudas sobre lo que van a decir. Es un mal hábito que debemos eliminar.  Debemos aumentar nuestro vocabulario, tener cuidado al hablar y, si descubrimos que usamos muletillas, buscar ayuda para eliminarlas.  Si tú quieres, puedes escoger este tema para tu proyecto.

–Gracias, maestra, lo pensaré –dijo Mario y se fue a buscar a su amigo para continuar el juego.

Al niño le pareció muy graciosa la palabra muletilla.  A él le gustan mucho los chistes y los juegos de palabras que sus familiares inventan cuando hacen reuniones. Mientras viajaba con su mamá en el auto, de regreso a su casa, se reía solo imaginando a una persona con una escalerita de palitos metida en la boca y las palabras enredándose en los palitos.  “¡Tengo una idea!”,  pensó Mario.  “Voy a preparar mi informe de la clase de Español con el tema de las muletillas y como Barney me enseñó que ‘Yo lo hago solito’, no le diré nada a mis papás y les daré una sorpresa.”

Al llegar a su casa entró rápidamente a su cuarto donde tiene su área de estudio. Esa tarde encendió su pequeño televisor y lo puso en volumen bajo para poder pensar mejor.  Se acostó en su cama y se colocó en la misma posición que su abuela cuando hace ejercicios de relajación.  Con los ojos cerrados veía proyectadas en el techo las imágenes de sus pensamientos.  Al pensar en la abuela recordó que ella le había regalado una grabadora el día de su cumpleaños y , durante las vacaciones, le había ayudado a grabar los ronquidos del abuelo sin que él se diera cuenta.  Al pensar en la grabadora, dió un pequeño salto de alegría.  Se levantó rápidamente y la buscó en la gaveta de su armario.  Durante varias semanas, la madre  lo observó jugar con ella con mucha frecuencia y se alegró de que el niño le diera uso al regalo de la abuela.  Mario también tiene una pequeña computadora blanca.  Su papá le cedió su computadora usada cuando se compró una grande y nueva.  Sus padres le programaron el “parental control”, le enseñaron a usar Wikipedia y el Diccionario de la Real Academia Española; y le permitieron comunicarse por correo eléctrónico con la maestra y con la abuela.  Mario pudo hacer solito su asignación sobre las muletillas y su maestra aceptó recibirla por correo electrónico.  Estuvo muy contento cuando supo que obtuvo un diez.  Pero quedó insatisfecho porque no se le ocurrió cómo incluir en su proyecto el material que había grabado en las pasadas semanas.  Guardó las grabaciones como un gran tesoro en la caja de sus juguetes preferidos.  Como Mario es el niño con mayor dominio del lenguaje Español entre sus compañeros de clase, la maestra le asignó una participación especial para el día de visitas en la Semana de la Lengua Española en la escuela.  La maestra le escribió  tres párrafos con las palabras que diría en la reunión de los padres.  Durante la semana, ensayó varias veces con los niños la participación de cada uno y todo estaba muy bien planeado.

Cada día, Mario jugaba en su cuarto,  como era su costumbre cuando regresaba de la escuela.  Si preparaba las asignaciones a tiempo, sus padres le permitían ver sus programas preferidos en el Canal Discovery Kids  y jugar con su grabadora y con sus juguetes.

A Mario le gusta mucho el teatro y tiene talento para la improvisación.  El día de su cumpleaños, su abuela organizó, con la ayuda del niño, una lectura de un drama que ella le escribió.  Cuando se reunieron en la marquesina de la casa de la bisabuela para hacer la lectura, los familiares aplaudían cada vez que Mario hacía un comentario jocoso que, evidentemente, no estaba en el libreto.

Llegó la Semana de la Lengua Española y la maestra y los niños estaban emocionados por el programa que presentarían a los padres.  A Mario le tocó la primera participación porque estaba a cargo del saludo y del mensaje inicial.

–Muy buenos días.  Mi nombre es Mario.  Les doy la bienvenida a nuestra escuela y los invito a conocer lo que hacemos en la clase de Español.  Estuve investigando sobre las muletillas y preparé una lista de algunas que he escuchado.  Como a mí me gusta el teatro, en vez de leerlas, las voy a decir de memoria en forma teatral.  Esto, esto, esto, …  Les voy a hablar de las muletillas…  Verdaderamente,  las muletillas son usadas verdaderamente, por muchas personas; y debemos aprender verdaderamente a eliminarlas.

La maestra, sentada en una silla a la derecha del improvisado escenario,  comenzó a sudar, a pesar de que había acondicionador de aire en el salón y ella estaba segura de que todavía no había entrado en el período de la menopausia.  Se dio cuenta inmediatamente de que Mario se estaba tomando  licencia para añadir algo al mensaje que ella le había escrito, pero confió en la inteligencia del niño y hasta se sonrió por su ocurrencia.  Los padres de Mario se miraron asombrados y también sonrieron.

Mario continuó su mensaje, cautivando al público con su simpática figura y su talento histriónico–:  Las muletillas son verdaderamente muy graciosas.  Las muletillas ayudan a hablar mucho cuando sabemos muy poquitito.  Son muy graciosas y verdaderamente  se pegan, da risa escucharlas.  ¡Ja, ja, ja!

Muy seguro de sí mismo y con mucho entusiasmo, continuó–:  Bueno, bueno, también hice una investigación como niño científico del idioma Español.  Grabé una conversación telefónica de mi mamá para saber si ella usa muletillas.  A mí me gusta mucho jugar de maestro, ahora yo soy el maestro y les daré una asignación.  Quiero que escriban las palabras que mi mamá repite y luego me digan si son “muletillas” y si son“palabras sofisticadas”.  Les voy a dramatizar cómo habla mi mamá cuando llama por teléfono a su amiga Tule.

Los padres de Mario intercambiaron miradas de preocupación y entrelazaron sus manos.  Mario se sentía muy contento al percatarse de que todos le prestaban atención.  El público silencioso lo escuchaba con interés, el niño continuó con su dramatización:

–Si supieras lo que me pasó a mí, Tule.  Por la mañana, el tipo ese que es vecino tuyo, ese que anda en una mierda de carro, lo estacionó en la acera frente a mi casa y yo no podía  pasar la silla de ruedas de Mario.

En ese momento, la maestra sintió escalofríos, pensó intervenir y dar por terminada la participacón del niño.  Pero se quedó petrificada en su asiento sin saber qué hacer y sin saber que lo mejor estaba por venir.  De igual manera, los padres de Mario permanecían rígidos en sus asientos  apretándose mutuamente las manos.

–Pues sí, Tule, por culpa de tu vecino, Mario llegó tarde a la escuela.  Total, yo no sé que carajo hacía estacionado allí–,  continuó diciendo Mario.

La maestra sintió fuertes palpitaciones en su pecho y deseos de llorar.  Sin poder moverse, escuchaba al niño y también escuchaba el sonido de las alas de un mosquito que volaba cerca de sus oidos, sin poderlo espantar.  En el salón, algunas personas tosían, otras carraspeaban su garganta y otras cuchicheaban con mucha discreción.   Los papás de Mario separaron sus manos y quedaron tan petrificados como la maestra.

–Excúsame, Tule –siguió diciendo Mario–.  Por la tarde, cuando llegué de la Universidad, no sé qué carajo me pasó porque no me acordé de la reunión que teníamos pendiente.  Es que llegué enfogoná, cuando regresaba a casa tenía prisa de llegar porque  me estaba … tú sabes, eso mismo.

Sobreponiéndose de su inmovilidad, el padre de Mario hizo un intento de levantarse, su esposa lo detuvo suavemente  y se comunicaron con gestos casi imperceptibles.

–Un policía me detuvo porque estaban haciendo un cabrón bloqueo en la Avenida Ponce De León.  Yo no sé porqué carajo escogieron la cabrona hora del tapón para hacerlo–, continuó diciendo Mario.

Con sus manos temblorosas, la mamá de Mario dio una señal a su esposo y éste inició un fuerte aplauso que los demás imitaron.   Ellos se pusieron de pie al aplaudir y algunos amigos también. El estruendoso aplauso sacó a la maestra de su estado catatónico permitiéndole recuperar la parálisis del habla.  Se puso de pie lentamente y, con voz entrecortada, pudo decir–: Gracias, Mario, por tu mensaje…  Gracias, padres e invitados por su atención y aplausos para Mario…  En nuestra próxima clase de Español haremos un repaso de  la definición de “muletillas” … y un estudio sobre  “palabras sofisticadas”…   Puedes sentarte al lado de tus padres, Mario.

Algunas personas del público rieron, algunas sonrieron y otras mantuvieron seriedad y ojos desorbitados; pero todos respiraron profundamente mientras la maestra hablaba.  Los padres de Mario permanecieron silenciosos en sus asientos, con sus manos  nuevamente  entrelazadas.  Al compás de los  aplausos, el niño caminó firme, aunque tambaleándose de lado a lado,  haciendo equilibrio con el movimiento de sus brazos.  Se acercó un poco jadeante a sus padres donde recibió de cada uno, un abrazo apretado y un beso caluroso.  Al recibir el beso de su mamá, Mario preguntó con mucha ternura:

–Mami, ¿por qué tus besos hoy están mojados? ¡ Te amo!  ¡Tú eres mi Pinki Dinki Doo!

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6 Responses to Muletillas sofisticadas, cuento para padres, maestros y abuelos

  1. ajalmenas says:

    El jovencito es muy aplicado y sabe escuchar. Sus ideas son muy buenas pero el vocabulario que usan en su casa no es sofisticado aunque el piense que tal vez lo es. Sus padres le estan demostrando el idioma que usan vulgarmente en la calle, que por supuesto es valido desde su contexto. Pero esas no son palabras que la gente en Puerto Rico considera apropiadas y que se deban decir en una escuela. Los padres deben de haberse sentido muy mal pero reaccionaron muy bien aplaudiendo y felicitando a Mario por su presentacion oral.

  2. Ilka says:

    ¡Wao! La sinceridad de un niño no tiene precio. Dicen la verdad y la verdad nos hace libres. Creo que es una amonestación contemporánea de “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Hay muchos elementos en tu cuento… como el de la falta de colaboración e insensibilidad de algunos con respecto a sus conciudadanos con necesidades especiales, como trancarle el paso a la silla de ruedas… El ignorar que los niños nos escuchan y se afectan por lo que decimos y cómo lo hacemos… El hecho de que muchas personas con “impedimentos” son realmente más inteligente y creativos que los que no padecen de ninguno, salvo una creatividad mutilada frecuentemente por el mismo “sistema educativo”. Lograste crear expectativa e interés para seguir leyendo hasta ver qué haría Mario.

  3. Ángel M. Trinidad says:

    La verdad es que me reí un montón dentro de la tensión que me creaste. El cuento tiene agarre. Supongo que los padres, al abrazar al niño le dirían: “en casa hablamos”. Claro, luego tendrían una conversación entre ellos sobre sus muletillas diarias.

    • pinocha says:

      Gracias Angel por tu comentario. Me alegra que hayas encontrado un toque de humor implícito en la intención educativa del cuento. Saludos.

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