Homero Pinocho Gorrión De La Montaña – Rapsoda en la Isla Del Coquí II

Por Pinocha Girasol Gepetto, Historiadora

Hoy mi amiga Amapola Pinocha Del Valle recibió un regalo de cumpleaños muy especial en su E-mail.  Su hijo mayor, David Pinocho Matute, le envió  un poema recitado por su padre, HomeroPinocho Gorrión De La Montaña, el cual había sido grabado en 1993, un año antes de su fallecimiento.

Durante toda su vida, Homero había dado continuación a la tradición de su familia de recitar diariamente décimas, otros poemas tradicionales y también poemas de autores conocidos.  Amapola y otros familiares sólo pudieron registrar una  pequeña cantidad del gran caudal de poemas que Homero recitaba.  Lamentablemente, cuando se apresuraron a hacerlo ya Homero había empezado a perder la memoria.  El poema enviado por David Pinocho es conocido en la familia como La niñez en la mujer y se le atribuye a José De Diego (1866-1918), pero el título y el autor están pendientes de confirmar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto de Homero Pinocho Gorrión De La Montaña (1907-1994)

 

(Si deseas escuchar la grabación de Homero recitando mientras lees el poema presiona aquí> Poema de José de Diego )

La niñez en la mujer

es en la flor el capullo,

es en la brisa el murmullo

en la fuente el susurrar,

es en la concha la perla,

es la avecilla en el nido,

es el coral escondido

entre las algas del mar.

En la apacible alborada

del día de su existencia

es la suave transparencia

de la luna en el cristal.

Es tan bella una mujer

en el dintel de la vida

al empezar la partida

en los valles del amor,

cuando tersa entre su frente

con pesar y sin agravio

y sin que liben sus labios

el veneno del dolor;

que siente el alma al mirar

una dulce complacencia,

del amor y la inocencia

la divina conjunción,

y vuelven con raudo paso

las cándidas ilusiones

que en la edad de las pasiones

volaron a otra región.

Por eso siento al mirarte

tan puro y bello ángel mío

voluptuoso desvarío

y deliciosa embriaguez.

Porque está tu corazón

de pesares aún ileso

porque sé que ningún beso

resbaló sobre tu tez.

Porque el libro de tu historia

ante el mundo puede abrirse

que tu faz no ha de teñirse

con los tintes del rubor.

Hermosísima doncella

de los mares de occidente

ven, reclina dulcemente

tu cabeza sobre mí.

Que una vida sin amores

es un campo sin verdura

y tesoros de ternura

tengo niña para tí.

Me darán tus dulces labios

amorosa inspiración

en tu loca fantasía.

Y entre amores y poesía

soñará mi corazón

si esos mares que contempla

del amor el suave aroma

que será blanca paloma

de tu amante trovador.*

Homero había sido diagnosticado con la enfermedad de Alzheimer y en esos años con frecuencia no reconocía a sus hijos.  Como sabemos, la enfermedad de Alzheimer produce inhabilidad para adquirir nueva información que se registre en la memoria y la persona tiene dificultad para recordar hechos recientemente  aprendidos.  Según la enfermedad va avanzando, por lo general el pensamiento de los pacientes se ubica en el pasado remoto y uno los oye hablar como si estuvieran viviendo ese momento.  Como Homero se crió desde niño escuchando, aprendiendo y recitando poesías, causaba admiración en todos los que le escuchaban por su extraordinaria memoria, y por la belleza de las obras que recordaba.

Un año anterior a la fecha del fallecimiento de su padre, Amapola acompañó a su esposo durante una noche en una sala de emergencia, al lado de ellos había un paciente de Alzheimer, de mayor edad y de profesión abogado, que supuestamente había sido una persona muy “picaflor” en su juventud.  En su camilla se amaneció toda la noche diciendo expresiones vulgares con las que, según sus familiares, enamoraba  a sus amantes.  Avergonzados, sus acompañantes hablaban y hablaban para que otras personas no lo escucharan.

Al año siguiente, Homero fue hospitalizado y le hacía elogios a las enfermeras recitándoles bellas poesías.  Amapola se ha sentido muy orgullosa porque su padre estuvo recitando hasta su última semana de vida.

Recordando a su padre cuando se afectó de su memoria por la enfermedad, Amapola me ha dicho: Si los niños y jóvenes aprenden frases bonitas de memoria, dirán frases bonitas si pierden la memoria”.

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* Amapola y su familia solicitan a los lectores de este Blog que se comuniquen con nosotros si conocen al autor de este poema o si conocen una versión distinta a la recitada por Homero.

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