Sinopsis del blog

El Blog Pinocha.net consiste en la publicación de El Diario de Amapola Pinocha Del Valle y la Historia de la Familia Gorrión De La Montaña Arenas Del Valle. El material es editado por la Historiadora Pinocha Girasol Gepetto. Amapola Pinocha ha entregado a la Historiadora una caja con carpetas, hojas sueltas, retratos, dibujos, cartas, objetos, libretas,etc.. La Historiadora entrevista a Pinocha y a sus familiares y amigos y, en las tiradas, alterna hojas del Diario (de fechas pasadas y actuales) con el relato de la Historia de la Familia. Por las experiencias vividas, por lo aprendido compartiendo con familiares, amigos y profesionales de la salud, Pinocha se ha interesado por el tema de la Salud Mental. Ha escogido éste como tema prioritario en su Blog; todos los demás temas de su interés que le permite publicar a la Historiadora, los integra en su vivencia actual como parte de su autoterapia.

La página de este Blog titulada SOS-Salud Mental contiene información con enlaces a fuentes, en Puerto Rico y otros países, en español e inglés, sobre diversos trastornos de salud mental y condiciones relacionadas.  También contiene enlaces a websites (algunos de ellos de carácter interactivo), en Puerto Rico y otros países,  de hospitales, clínicas, asociaciones de pacientes y familiares, etc.; Contiene un directorio en formación de grupos de apoyo  que se mantendrá actualizado con la colaboración de los lectores o visitantes del Blog.

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CASA NUEVA – cuento Por Dra. Marantha Pinocha Del Valle

Introducción por Pinocha Girasol Gepetto, Historiadora

Amapola me ha solicitado que lea y organice las carpetas y hojas sueltas que ella encontró en la casa de su querida hermana Canita, a quien ella y sus hermanos apodaron Dra. Marantha, fallecida en el año 2002.  Algunas de las hojas encontradas coinciden en su contenido con los temas de historia familiar que mi amiga Amapola está publicando en este Blog.  Con la advertencia de que este escrito era un borrador preparado por Canita el cual no tuvo tiempo de editar para posible publicación, nos tomamos la confianza de compartirlo con ustedes. El cuento está tejido con información  verídica de la historia familiar de los Del Valle Gorrión De La Montaña y es una valiosa fuente para conocer parte de la vida de los agregados obreros campesinos de la caña de la Finca Nangó de la Ciudad Atenas en las décadas del 40 y el 50 del siglo XX.

CASA NUEVA – cuento Por Dra. Marantha Pinocha Del Valle

Micaela fue la última en marcharse.  Iba maldiciendo.  Había empezado a maldecir desde temprano, desde que vio el pañuelo y entonces dijo el primer maldita sea.  Me sorprendí porque nunca le había escuchado usar esas palabras.  Yo no tuve tiempo de ocultar el pañuelo.  Estaba en la cocina, como todas las mañanas, buscando mi cacharro de café, parado junto al fogón humeante, esperando.  Tendí la mano para coger el cacharro que ella me ofrecía cuando me vino el golpe de tos.  Saqué el pañuelo y tosí sobre él varias veces, lo retiraba y lo volvía a acercar.  Fue entonces cuando ella soltó la cacerola y el cacharro y abrió los ojos como loca, mirando fijamente el pañuelo.  Empezó a maldecir y después empezó a caminar alrededor del fogón con los puños apretados.  Se detenía para mirar al techo y volvía a mirarme y otra vez miraba al techo y maldecía apretando los puños.  Entonces salió corriendo y le dijo a la hija mayor que cuidara a la chiquita, que ella iba a la casa de su madre.  Al rato regresó con Vicenta, la casa no quedaba tan lejos.  Cuchicheaban quedamente mientras con prisa preparaban botellas de café para llevar a su marido y a los demás trabajadores de la finca que eran sus clientes.  Micaela dejó a su madre al cuidado de la casa, y se marchó cargada con sus botellas calientes carretera abajo.  Entonces Vicenta me ofreció café, pero ya yo había perdido el deseo de tomarlo y me acosté otra vez  en la hamaca, sintiendo un gran cansancio.

Micaela parece que camina con la fuerza del viento.  Me pareció que no había pasado ni un minuto cuando ya regresaba y empezaba a dar instrucciones enérgicas a todo el mundo.  Desde la hamaca presencié el movimiento, y escuché pedazos de palabras que apenas podía combinar para adivinar lo que pasaba.  Estaba adormilado, este cansancio se apoderó de mí hace tiempo, yo quisiera levantarme y acompañar a Eugenio a trabajar, hacer algo para pagar por lo menos el bocado de comida que me dan, pero Dios sabe que no puedo moverme, y esta tos que me ataca hace días tampoco me deja dedicarme a nada por tiempo suficiente.

Vicenta y Micaela empezaron a recoger las cosas.  No se tardaron mucho.  Iban de la cocina a los cuartos, de los cuartos a la sala, echando en unos sacos las escasas pertenencias.  Las sábanas las usaron para envolver las ropas, y después de atarlas con un nudo las iban poniendo fuera de la casa., al pie de la escalera.  Yo veía aquel movimiento y me acordaba de Miguel.  Si estuviera vivo le cantaría una décima a Micaela al verla tan atareada.  Miguel se murió sin perder el humor ni el arte de sus décimas.   Cuando la gente lo venía a ver, tratando de disimular lo que pensaban, que era la última vez, él los recibía improvisando un verso sobre el visitante o sobre su propia condición.  A Miguelito lo engañaba a veces.  Miguelito venía a menudo con una revista de la casa grande.  Con sus siete años de entusiasmo, le mostraba la lámina de un auto reluciente mientras le decía “Mira abuelo, qué carrito tan lindo”, y Miguel, con esa sonrisa burlona, le decía, “Trae, trae, déjame mirarla con los dedos”.  Y mientras pasaba las manos sobre la lámina sus ojos ciegos relucían, parecían relucir mirando a lo largo, mientras decía “Pero qué cosa tan linda, mira qué ruedas, qué color tan bonito”.  Y Miguelito lo miraba con orgullo y asombro, qué misterioso este abuelo capaz de apreciar las cosas lindas con las manos y de traducirlas a veces con una canción.

Pero Miguel se había ido hacía meses y Miguelito, en la escuela, no podía ayudar al traslado de aquellos paquetes.  Así que las mujeres mayores empezaron a cargarlos de dos en dos, como podían, carretera arriba.  Escuché decir “casa” y decir “curva” y recordé la casa vieja que había dejado hacía ya un año la familia que se fue para Hatillo.  Era una casa más pobre que ésta, tenía mucho tiempo de abandono, y quedaba bastante retirada del vecindario.  Pero la distancia se podía recorrer a pie tal vez en media hora.  Eso calculé mientras veía a Jacinta y a Micaela acarrear paquetes en esa dirección y regresar con las manos vacías.  Yo hubiera querido ayudarlas.  Se lo quise decir a Micaela, pero no me dejó terminar mi ofrecimiento.  “Usted se calla”, me dijo secamente, “usted no tiene fuerzas ni para llegar a la letrina”.  Me callé, a Micaela le debo muchos favores.  Ella y Eugenio me recogieron cuando llegué a este barrio.  No tenían por qué hacerlo; yo tenía el mismo apellido que él y sacando parentescos llegamos a ser primos terceros, y por cariño nos llamamos compadres, aunque nunca llegué a bautizarles el hijo, que se murió una noche después de muchas noches en vela, después de muchas carreras al hospital del pueblo.  Micaela no maldijo; ese día, el que maldijo fue Eugenio.  Maldijo al cura que se negó a bautizar al muchacho, a pesar de que Eugenio le explicó que era necesario, que era la única manera de salvarlo del mal de ojo.  La verdad que el muchacho era lindo, blanco, rosada la carita, con los ojos azulitos como los de Miguel.  Fue el único que sacó los ojos como Miguel.  A lo mejor también hubiera sacado las artes de cantar y de decir chistes.  Yo no sé si eso está en el color de los ojos y de la piel, pero la gente blanca y rubia como que tiene más suerte en la vida.  Eugenio maldijo al cura que le pidió un peso para bautizar al muchacho, un peso que Eugenio no tenía y que según el cura cualquier chofer de carro público le hubiera dado en esas condiciones, para que el muchacho no se muriera moro.  Pero Eugenio no quería que el muchacho se muriera cristiano, lo que quería era que se salvara del ojeo.  Tanta mujer que pasaba por la casa: “¡Qué nene tan lindo!”, sin siquiera decirle “Dios lo bendiga”.  Micaela acurrucaba al nene entre sus brazos y le echaba bendiciones, pero parece que las bendiciones de una madre no son suficientes para vencer el mal de ojo.  Alo mejor a mí también me echaron mal de ojo y por eso lo del pañuelo y este cansancio y esta debilidad que no me deja levantarme.  Yo, que era tan brazo fuerte en los cañaverales.

Cuando las cosas en el corte de caña empezaron a ponerse malas, los hombres empezaron a irse para el Norte.  Eugenio y yo los mirábamos ir, y los despedíamos con una borrachera en la tienda de Justo.  Eugenio se reía cuando los otros trataban de convencerlo de irse a coger tomates en las fincas del Norte.  Siempre decía “Aquí nací y aquí me casé y aquí nacieron los hijos míos y no me voy de aquí”.

Micaela se queja de que Eugenio tiene el romero del ombligo enterrado en este sitio, pero Eugenio no parece oir las quejas de ella.  Por las mañanas, desde mi hamaca, los escucho cuchichear en la cocina.  Micaela cuela el café entre protestas, “Tomás el Gato se fue al Norte y desde allá manda dinero para mantener a la familia, tú no quieres progresar ni piensas en tus hijos, si no fuera por mí ni a la escuela irían”.  Eugenio nunca contesta, las palabras de Micaela caen como granizo, pero él parece no oirlas. “Esta casa la conseguí yo, si por ti fuera todavía estaríamos viviendo en la casucha al lado del establo.  Yo tuve que ir a pedirle esta casa al patrón”.  Eugenio se bebe el café en silencio y en silencio coge el machete y la lima y se marcha al corte cuando todavía no ha salido el sol.  Bueno, en silencio no, porque Eugenio siempre anda canturreando una décima.  Voz no tiene, ni tampoco el arte de su padre para improvisarlas, pero cuando va por el camino o cuando trabaja en el corte siempre lleva en los labios una décima.

Micaela se mordía los labios cuando lo veía irse para el corte, y me miraba con el rabo del ojo: “¿Usted no se piensa ir a trabajar?”. Y entonces yo me levantaba y me tomaba el buche de café y me iba detrás de Eugenio, calladito.  Eso era antes de la tos y del cansancio, después de eso me quedo en la hamaca y trato de no moverme ni hacer mucho ruido por la casa para no molestar a Micaela, que se va al pozo a buscar agua y después despierta a Miguelito y le da café para que se vaya a la escuela temprano, pues le queda lejos.  La nena grande todavía no va, Micaela no halla cómo mandarla todavía hasta que la chiquita esté más fuerte, para que le ayude con la carga.  Mujeres como Micaela valen oro, ella sola como que se echa el mundo al hombro, porque Eugenio trabaja, pero si no fuera por ella los chavos se iban en lo de Justo por las noches o en el juego en el monte.

El sol ya estaba alto, eso se veía desde mi hamaca, por la puerta abierta, cuando Micaela y Vicenta terminaron de acarrear los paquetes.  En la sala sólo quedaban los bancos, la mesa con su pata coja, y las dos camitas de hierro y el catre. Jacinta y Micaela las miraban sin decirse nada, pero en eso llegó Jaime Freytes, con un “truck” grande enviado por Eugenio con la autorización de Don Tin, y se paró frente a la casa.  “Eugenio me mandó para que la ayudara”, le dijo a Micaela, que respondió con un seco “Ya era hora”.  Jaime desarmó las camas con ayuda de Micaela y de Vicenta y entre los tres las llevaron hasta el camión.  Jaime me miraba de vez en cuando, pero me hice el dormido.  No me atrevía a levantarme de la hamaca y casi no respiraba por miedo de toser y tener que volver a sacar el pañuelo.  Con el rabo del ojo vi cómo él, cuando sacaban los bancos, tocaba con el codo el brazo de Micaela y señalaba hacia mí con los labios fruncidos.  Pero Micaela chistó quedamente y levantó un brazo con una señal de que me dejara quieto.  Entonces le dijo a Vicenta que se montara en en el “truck” con las nenas, que ella se iba después a pie.  Vicenta no contestó.  Miró a Micaela fijamente, con los ojos secos, y empujó a la nena grande que no decía nada, no había dicho nada en toda la mañana, y  llevaba a la chiquita en los brazos.

Micaela los miró irse carretera arriba, y entró nuevamente en la casa. Caminó hasta la cocina y por un rato estuvo mirando el paisaje desde la puerta trasera.  Después apretó los puños y empezó a maldecir mirando las paredes.  A mí me dio un escalofrío cuando escuché la primera maldición.  Miraba las paredes y las maldecía una por una, caminaba de espaldas y se viraba para un lado y el otro y levantaba el puño.  Entró en el cuarto chiquito del lado de la cocina y maldijo los troncos  que señalaban cada esquina, después entró en el cuarto de los nenes y apretó los labios, no no sé si se atrevió a maldecir aquella parte.  Cuando venía por la sala yo me encogí en la hamaca y la escuché repetir su jaculatoria frente a cada esquina.  Cuando se acercó a la esquina de mi hamaca con el brazo en alto la miré de frente y por un rato nos sostuvimos la mirada.  Entonces vi por primera vez correr una lágrima por su mejilla.  Bajó los brazos a lo largo del cuerpo, se acercó a mí y con voz temblorosa me dijo:  “Perdóneme compadre”.  Quise contestarle, pero cuando abrí la boca un golpe de tos me quitó el habla y tuve que sacar otra vez el pañuelo.  Tosí entre las manchas rojizas y vi a Micaela retroceder con los ojos espantados, y salir casi corriendo hacia la carretera.  Se detuvo de pronto, volvió a la puerta y me miró como queriendo decir algo, pero sólo le salió una palabrota.  Entonces se marchó.

El sol marcaría las cuatro cuando Miguelito asomó la cabeza por la puerta, sudoroso.  Venía corriendo de la escuela, siempre era así, el último tramo de camino lo hacía corriendo, aunque Micaela le pedía que no se sofocara, que le hacía daño. Los ojos de Miguelito se tendieron por la sala desierta, donde sólo quedaba mi hamaca y yo en ella.  Subió los dos escalones y con la boca abierta fue hasta la cocina, miró los cuartos abandonados y después con cara de cadáver se acercó a mí.  Apenas alcancé a murmurar: “Se fueron, se fueron para la casa que era de los Delgado.  Vete ahora mismo para allá”

Entonces el muchacho se sentó en el primer escalón de la casa, donde Don Miguel recibía los vecinos y donde miraba las láminas de carros, tendió la vista alrededor, miró el húcar gigante que daba sombra al otro lado de la carrtera y rompió a llorar.

Quise consolarlo , pero las palabras no me salían.  Saqué el pañuelo del bolsillo para explicarle, pero el muchacho miraba sin comprender la tela ensangrentada.  Al cabo de un rato se levantó, recogió los libros y empezó a caminar lentamente carretera arriba.

———————————————————————————-Nota de la editora:  La siguiente foto de Maurice Hooley #13948 Flickr.com, le recuerda a Amapola la casa de la curva de Tajureo en Nangó a donde se mudaron en 1950 debido a la enfermedad contagiosa que tenía el pariente que vivía agregado en su casa.  Este sería el lado este y tendría un medio balcón en la entrada principal mirando hacia el norte.

La curva cerrada donde estaba localizada la “casa nueva” era conocida también como “La Curva de Tajureo” en recordación del conductor que falleció cuando su auto se volcó al transitar la carretera curva.  Después del año 1962, cuando la familia Del Valle Gorrión De La Montaña se mudó a vivir en casa alquilada en la zona urbana, los familiares de Micaela se sorprendían gratamente cuando regresaban de visita al barrio y  descubrían que los vecinos habían cambiado el nombre de “La curva de Tajureo” por el nombre “La Curva de Micaela”.

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La “BUENA MEMORIA” de puertorriqueños longevos

Por Pincha Girasol Gepetto, Historiadora

Hoy Amapola Pinocha Del Valle tuvo la grata sorpresa de encontrar  en la página de Facebook del artista, escritor, humortivador y compositor puertorriqueño, Silverio Pérez, un “link” para ver y escuchar a  su padre, de 98 años de edad, recitar el poema tradicional en versos enlazados “La buena memoria”:

 http://www.youtube.com/watch?v=HtZGxPs_3LU&feature=player_detailpage

Foto Album de Familia de Silverio Pérez. Don Silverio, de 98 años de edad y su esposa, de 87 años, celebraron 60 años de casados el pasado mes de diciembre de 2012.

Amapola conocía una versión corta de esta poesía recitada por su padre Homero, la cual publicó en este Blog con el título “La buena memoria de Homero Gorrión De La Montaña (  http://pinocha.net/?p=310 ).

Deseamos saber si otras personas en Puerto Rico conocen esta poesía tradicional. Invitamos a nuestros amigos de Puerto Rico, España y de otros países de habla hispana a comunicarse con nosotros si conocen esta poesía u otras parecidas de versos encadenados.

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Recordando a Mr. Freytes

Por Pinocha Giraso Gepetto, Historiadora

Amapola Pinocha Del Valle recuerda con mucho cariño y gratitud a Mr. Freytes.  En su caja de recuerdos encontré una hoja de invitación a la ceremonia de develación del nombre de Federico Freytes Rodríguez, celebrada en la Escuela Segunda Unidad de Monte Bello, en el Barrio Río Arriba Poniente de Manatí, Puerto Rico, el 6 de mayo de 1981.  También encontré una hoja con el mensaje que Amapola escribió para la ocasión.

Mr. Freytes era el Director de la Escuela Segunda Unidad de Monte Bello cuando los hermanos de Amapola estudiaron en la mencionada escuela.  Micaela, la madre de Amapola, trabajó durante un tiempo como empleada del comedor escolar.

En su infancia, Amapola conoció a Mr. Freytes cuando, ya retirado de su empleo, continuaba haciendo labor comunitaria.  Visitaba a su familia para estimularlos en proseguir estudios, como líder 4H y para integrarlos en la recaudación de fondos para la Liga Puertorriqueña contra el cáncer.

En la época navideña, Mr. Freytes compraba juguetes y materiales educativos para regalarlos a los niños de las familias de escasos recursos del barrio.  Amapola y sus hermanos recibían con alegría y agradecimiento las bolsas con regalos que Mr. Freytes les llevaba.

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Aves de Puerto Rico: el pájaro Carpintero

Por Pinocha Girasol Gepetto, Historiadora

Uno de los pasatiempos favoritos de Amapola Pinocha Del Valle es la observación de las aves.  En su Finca MaJuBrí escucha a menudo la ruidosa conversación de los pájaros carpinteros quienes gustan de los troncos secos del mogote y de los postes de madera de pino del tendido eléctrico a orillas de la carretera.  Hasta el presente no ha podido lograr una foto de los carpinteros, pero sí varias de los nidos en los postes.

En día recientes, Amapola visitó la sede de la Fundación Luis Muñoz Marín, en San Juan, Puerto Rico, donde compró el libro Aves de Puerto Rico para niños.*  En su portada hay una bella foto del pájaro carpintero e información, foto y dibujo en la página 35.

 

Este libro describe 53 especies de aves residentes en la Isla y constituye una excelente fuente de consulta.  Lo recomendamos como regalo bello y educativo para niños y adultos.

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Aves de Puerto Rico para niños, por Adrianne G. Tossas Cavalliery, Beatriz Hernández Machado y José A. Colón López, Arte gráfico por Marilyn Navarro, © 2011 ISBN 978-0615-42306-7

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Trajes confeccionados y modelados por Amapola Pinocha Del Valle

Por Pinocha Girasol Gepetto, Historiadora

Desde pequeña, Amapola Pinocha Del Valle ha sentido gran pasión por la costura.  Recuerda a las amigas de la familia a quienes gustaba observar mientras cosían bellos trajes a máquina: Milla Otero, Paulita Rodríguez,  Tivita Freytes, Consuelo Maldonado e Irma Ortiz.

 Foto #1:  Amapola con falda y blusa que ella cosió a mano, 1955.

Amapola acostumbraba coser  faldas y blusas a mano. Sintió mucha emoción cuando inició la escuela intermedia (séptimo grado) porque en aquella época, década del 50 del siglo pasado, en los tres grados intermedios se ofrecían cursos de costura en las clases de Economía Doméstica: 1) agarraderas, toallas de cocina y delantal, 2) falda y blusa, 3) un traje.

Foto #2 A la izquierda, Amapola con el traje que confeccionó en máquina de pedal en la clase de Economía Doméstica, su maestra y, a la derecha, su hermana Canita Milagros con traje confeccionado por la costurera Consuelo Rodríguez, 1957.

Mientras estudiaba en la escuela superior, en sus horas libres y como socia 4H, continuó cosiendo supervisada por la Agente de Demostración en el Hogar, Isabelita Ríos De Delgado.

Foto#3: Logros de jóvenes 4H de Manatí, P. R. , primera a la izquierda Amapola Del Valle, a la extrema derecha, su hermana Dalmathia, ambas hermanas confeccionaron sus trajes en máquina de “manigueta” (manual).  Foto Periódico El Mundo.

Foto #4: Amapola modela traje en actividad de Logros 4H en Plaza Pública de Manatí, P. R.

Foto #5:  Amapola participa en Concurso 4H Nacional de Costura, en San Juan, Puerto Rico, 1963. Usó una máquina de coser con “manigueta” (manual).

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El nido vacío

Por Amapola Pinocha Del Valle

Desde el pasado viernes, 22 de febrero de 2013, pasé varios días en casa de mi mamá,  Micaela Noventa-y-ocho Arenas Del Valle.  Cuando regresé a mi casa, el martes por la tarde, tuve la grata sorpresa de ver que las hijas de la tórtola que anidó sobre la trinitaria que adorna la entrada principal de mi casa, estaban casi tan grandes como su mamá. El miércoles pasé casi todo el día observándolas, por suerte podía verlas a través de las ventanas de la sala y la cocina, desde el balcón y la escalera y desde el techo.  Entre tarea y tarea cotidiana pude tomar muchas fotos y, aunque soy novata tomando videos con el celular, pude lograr muchas imágenes que amarran las que tengo en mi memoria.

Entre 8:00 y 9:00 AM del miércoles 27 de febrero, grabé mi primer video.  Por suerte tengo paciencia y soy perseverante. Permanecí con el celular en mano durante suficiente tiempo.  Después que las jóvenes tórtolas hicieron sus ejercicios de  ”calentamiento” de alas, observé a la mamá tórtola volar a la acera, cruzar la calle caminando y permanecer en la acera contraria.  Muy grande fue mi susto debido a que los autos pasan muy veloces por la carretera.  Una de las jóvenes tórtolas voló a la acera al otro lado de la carretera donde la esperaba su mamá y luego ambas volaron de regreso a la trinitaria.

Vídeo por Amapola Del Valle: Mamá Tórtola enseña a volar a sus hijos (edición de video en preparación)

Tenía la esperanza y convencimiento de que esa noche las tórtolas dormirían en su nido.  Por un rato las observé mientras descansaban acariciadas por la brisa  escuchando las melodías de una nana producidas por las campanas de viento en el portón del balcón.

A media tarde salí al balcón y las tórtolas habían “desaparecido”.  Con el corazón latiendo fuerte miré a mi alrededor y no las encontré.  Cuando las di por perdidas se me ocurrió mirar para arriba  y vi tres cabecitas asomadas en el alero.  Subí rápidamente la escalera hacia el techo y pude retratar las tórtolas en el alero de la casa.

 

 

Continué con las tareas domésticas y, a las 6:00 de la tarde, mi vecina me llamó con insistencia para decirme que la mamá y las bebés tórtola estaban en el cable del tendido eléctrico.  ”Se van”, me dijeron ella y su hija.  Apresuradamente subí al techo y las vi volar hacia el árbol de tulipán africano al otro lado de la carretera.

Luego las vi regresar a los arbolitos en el patio delantero de la casa de mi vecina. . . . .

 

Al mirar hacia el oeste, la puesta del sol lucía sus bellos colores amarillos y anaranjados.  Mamá tórtola alzó el vuelo hacia el árbol de tulipán africano, seguida por sus hijas; alumbradas por la hermosa puesta del sol hacían su primer breve viaje para dormir fuera del nido.

 

 

 

Desde el techo y luego desde el balcón contemplé, con sentimientos mixtos, el nido vacío; reviviendo los sentimientos que tuve las veces que vi a mis hijos salir en auto para ir a sus respectivos hospedajes en la ciudad universitaria de San Juan; sabiendo que ese viaje de ida tendría regreso sólo para visitas cortas.

Mis experiencias viendo y retratando a la tórtola y sus hijas, es el mejor regalo de cumpleaños que he tenido en el mes de febrero.

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Tórtola en su nido

Por Amapola Pinocha Del Valle

Desde mi infancia, cuando vivía en el campo, he acostumbrado observar las aves.  De esa época recuerdo las reinitas y los picaflor que llegaban al patio a chupar el néctar de las amapolas y otras flores de nuestro jardín.

Actualmente disfruto del cantar de  las reinitas, zorzales, carpinteros,  pájaros bobos, ruiseñores, pitirres, múcaros, San Pedritos, guaraguos, palomas y otras aves, cuyos nombres no conozco todavía, de nuestra pequeña Finca MaJuBrí a las afueras del poblado.

De todas las aves que he conocido, mi preferida es el San Pedrito.  He aprendido a reconocer su cantar y siempre que la escucho la puedo localizar a pesar de su vuelo rápido y travieso.

El múcaro se escucha con mucha frecuencia, un poco lejos, en los árboles altos de los mogotes circundantes, pero lo escucho muy cerca, en la copa del árbol gigante de guaraguao cuando el cafeto contiguo tiene sus frutos rojos maduros.  He visto el múcaro de cerca una sola vez cuando subí a la falda del mogote un día a las 5:30 AM para observar las aves mañaneras.  Al caminar por la vereda seguí el vuelo de un ave que atravesó mi camino y se posó en una rama de un árbol cercano para comenzar a dormir.  Ese día subí la jalda varias veces para repetir la emoción de ver un múcaro dormilón a poca distancia a la vera del camino.  En esa época no tenía celular ni cámara por lo cual sólo conservo su imagen en mi pensamiento junto a la emoción de mi corazón.

Durante el presente mes de febrero, he tenido  durante varias semanas,en el patio de mi residencia en el sector urbano de mi pequeño poblado, la visita de un ave que decidió hacer su nido* en la planta de trinitaria que forma un arco sobre la escalera de la entrada principal de la casa.  Había observado muchas “palomas” de diferentes tamaños y colores en mi patio, la mayoría grandes y gorditas y algunas muy pequeñas.  Desde el techo de la casa, mi esposo observó una “paloma” pequeña que construía un nido en la trinitaria.  Me invitó a observar y descubrimos dos huevos en el nido.  Durante varios días, la “paloma” salía del nido cuando pasábamos cerca.  Pero poco a poco se acostumbró a nuestra presencia ya que tratamos de ser amables, la saludábamos cariñosamente y controlamos el volumen de nuestras voces si hablábamos al subir y bajar las escaleras.

El pasado domingo, 17 de febrero de 2013, mi esposo y yo visitamos la sede de la Fundación Luis Muñoz Marín para conocer la casa y finca de nuestro primer gobernador puertorriqueño, electo por el pueblo en 1946.  En la tienda de la Fundación compramos el libro Aves de Puerto Rico para niños para regalárselo a nuestro nieto Apa Pinochín.

Al ojear el libro durante el viaje de regreso me percaté de que el ave que está anidando en la trinitaria frente a mi balcón es una tórtola (tórtola cardosantera) y no una paloma.  Cuando regresamos tuvimos la emoción de ver que los “polluelos” ya habían salido del cascarón y estaban visibles al lado de su mamá.

 

 

Mi familia y yo habíamos disfrutado en múltiples ocasiones a lo largo de nuestra vida, la experiencia de tener nidos de aves en las plantas y árboles en los alrededores de la casa.  Pero los nidos eran redondeados y sólo era visible el hueco por donde entraban y salían los pájaros.  Por primera vez hemos tenido un nido al descubierto y ha sido una gran emoción para mi familia  y para mí que esta madre tórtola haya confiado en nosotros y haya fijado su residencia en un lugar tan cercano.  Ya los tortolitos bebés pasan muchas horas al día tomando el sol al lado de su mamá y haciendo prácticas de vuelo moviendo sus alas.

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*Fotos #1-10 por Margarita Agosto De Fernández y foto #11 por Briseida M. Fernández.

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Las Fiestas de la Calle San Sebastián año 2013

Por Pinocha Girasol Gepetto, Historiadora

Foto #1* Foto publicada en Facebook por Periódico Digital Puertorriqueño La Nación

Foto #2** Foto publicada por Roberto Ortiz Feliciano en Facebook

Las Fiestas de la Calle San Sebastián son la celebración  que da fin a la temporada navideña en la Isla Del Coquí.  Se celebran de jueves a domingo el tercer fin de semana del mes de enero, en la Calle San Sebastián en San Juan, capital de Puerto Rico.  Los vecinos adornan la calle y balcones de sus casas.  Organizan bailes y comparsas usando trajes típicos y simbólicos.  La comparsa más famosa es la de los “cabezudos”, con la cual se recrean momentos históricos y se representan personajes como políticos, cantantes, poetas, músicos, personajes de cuentos infantiles, etc.  El desfile llega hasta la Calle del Cristo, donde está ubicada la Catedral.

Foto #3***   Foto por Miguel Gandía, publicada por boriken365.com

Foto #4**** Foto publicada por PhotosPR.com Copyright aeAmador

Los mejores artesanos de la Isla participan en la Feria de Artesanías, una de las  más concurridas de la Isla.  Este año, Lucero Pinocha Madera Del Valle, la hija de Amapola Pinocha Del Valle y su esposo, Pinocho Brein Urbano, participaron en la Feria Artesanal (usando los nombres artísticos Briseida M. Fernández y Luis E. Aparicio respectivamente) exhibiendo y vendiendo sus obras en la sede del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

Foto #5***** Vegigante tejido en crochet por Briseida M. Fernández, Foto por Amapola Del Valle

 Foto #6******

Foto #7****** Catedral del Viejo San Juan,  Acuarela por Luis E. Aparicio

Foto #8 ******** Serigrafía por Osvaldo De Jesús, Marco añadido por Amapola Del Valle

Foto #9 ********* Osvaldo De Jesús y esposa, foto por José Chico Sosa

Algunos historiadores afirman que esta festividad data del siglo 19 y que en el siglo XX, algunos párrocos de la Iglesia San José, del viejo San Juan, celebraban actividades para recaudar fondos para hacer mejoras a la calle y para las obras y misiones parroquiales, se recuerdan las actividades organizadas por el Párroco Madrazo en 1954.  Las fiestas sanjaneras no se celebraron con regularidad hasta que a mediados de la década de 1970, el Historiador y Presidente del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Dr. Ricardo Alegría, solicitó a la Sra. Rafaela Valladares de Britto que organizara nuevamente estas  fiestas las cuales han continuado celebrándose con mucho éxito hasta el presente.

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* Foto publicada por Periódico Digital Puertorriqueño La Nación

** Roberto Ortiz Feliciano atribuye esta foto a Kcho Santiago, información pendiente de verificar.

***  http://www.boriken365.com/index.php/2011/10/14/vejigante-en-la-sanse/

****  http://photospr.photoshelter.com/image/I0000c29sWJQv3Eo

***** Vegigante Tejido en crochet por Briseida M. Fernández, foto por Amapola Del Valle

****** Para ver/comprar obras de Briseida M. Fernández visite la Tienda “estudio arbitrario” en Etsy.com   http://www.etsy.com/search?q=estudio%20arbitrario&view_type=gallery&ship_to=PR

******* Para ver/comprar obras de Luis E. Aparicio visite la Tienda “garabateando” en Etsy.com http://www.etsy.com/shop/Garabateando?ref=search_shop_redirect

******* Serigrafía por Osvaldo De Jesús, marco añadido por Amapola Del Valle

********* Foto por José Chico Sosa publicada en Facebook

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¡Feliz Cumpleaños 98, Micaela!

Por Amapola Pinocha Del Valle

Ayer, domingo 6 de enero de 2013 (Día de Reyes), celebramos el 98 cumpleaños de Mamá Micaela

Hoy Micaela, vestida con  el conjunto juvenil de blusa y pantalón corto que cosió para ella su hermana Nereida, aceptó posar para mi cámara.

Mi hermana Dalmathia, mi hermano Gorrión De La Montaña y yo, hemos decidido mantener a Micaela viviendo en su amada casa en la urbanización y turnarnos para su cuido, con el apoyo de otros familiares.  Micaela es autosuficiente en todos los aspectos de su cuidado personal.  Es la primera en levantarse por las mañanas a colar el café, hervir huevos y/o cocinar avena para el desayuno.  Le gusta fregar y mantener la cocina recogida.  A menudo lava su ropa, la seca al sol y la recoge.  Siempre verifica que las puertas y portones estén todo el tiempo con sus candados y cierres de seguridad. Le gusta acicalarse y pintarse el cabello. Es conversadora y le gusta hacer chistes.  Nos recuerda que le demos los medicamentos y nos supervisa en las tareas de la cocina.

Todos los días y varias veces al día coteja su calendario de hojas pequeñas para saber la fecha.

Todos disfrutamos de su compañía y la cuidamos con amor y gratitud recordando siempre toda la ayuda que ella ha dado (y sigue dando) a su familia a lo largo de un siglo.  Micaela encarna los valores de las familias campesinas obreras del siglo XX en nuestra Isla Del Coquí.

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Feliz Día de Reyes 2013

Por Amapola Pinocha Del Valle

  Feliz Día de Reyes a todos nuestros amigos del Mundo, lectores de nuestro Blog Pinocha.net 

Celebro este Día De Reyes compartiendo con nuestros visitantes y lectores de Pinocha.net dos obras de mi amigo  artista puertorriqueño Osvaldo De Jesús.  Osvaldo nació en Arecibo y estudió en el Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Puerto Rico, trabaja en su Taller en Arecibo dedicándose al grabado.  Durante más de veinte años ha participado en importantes exposiciones en diferentes países y ha ganado premios en Polonia, Cuba y Puerto Rico.  Osvaldo es reconocido por sus compañeros artistas como uno de los mejores serigrafistas de Puerto Rico.  Para ver y/o comprar obras de Osvaldo visite galeriadepuertorico.com, el Festival de la Calle San Sebastián (anual), ferias de artesanías en Puerto Rico y/o su Taller.

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